Salamanca

Puente 144(2011)

De todo lo que se puede ver en la Web sobre Salamanca, casi nada es una invención sin fundamento. De verdad, Salamanca es una ciudad encantadora. Desde la Plaza Mayor, su gente, el Colegio Delibes adonde fui a clase durante mi estancia, hasta la vida nocturna salmantina, muy animada, nada de lo que encontré allí me desagradó.

Gracias al concurso Robert Gengoux 2010, de la SBPE (Sociedad belga de profesores de español), tuve la oportunidad de vivir tres semanas extraordinarias con un delicioso sabor español.

En el avión, llegando a Valladolid, el aeropuerto más cercano a Salamanca, no sabía exactamente qué esperar de este viaje. Sabía que iba a descubrir un país y a practicar el español de manera intensiva pero, de hecho, iba a descubrir mucho más de lo que había imaginado.

Aterricé el 17 de julio y descubrí ese mismo día a mi familia de acogida: dos amigas, Esperanza y Victoria, que acogen durante todo el año ¡hasta catorce estudiantes! Vivíamos en pisos diferentes pero comíamos todos juntos. El carácter cosmopolita de la casa, sumado a la amabilidad de mis madres de acogida, fue de lo más enriquecedor.
Mis nuevos “hermanos” vienen de América, Alemania, China, Francia, Italia, Arabia Saudita, Dinamarca, Polonia,… y la lengua común que hablábamos durante las comidas era el español.

Tenía clase de español en el Colegio Delibes, muy cerca de la casa de mi familia. Había elegido seguir los cursos de español intensivo, pero también hubiera podido elegir cursos de literatura española, de cultura, de conversación específica, etc.

Me levantaba a las nueve porque las dos primeras horas de gramática empezaban a las diez. Después, tenía quince minutos de pausa para ir a tomar algo y luego dos horas más de conversación.

Y después, sé lo que os estáis preguntando: ¿qué hizo?

Hay que saber que Salamanca, además de ser una ciudad dorada, de tener una de las plazas más bonitas del mundo, una de las primeras universidades del mundo, de acoger cada año a miles de estudiantes españoles, también tiene museos, piscinas, infraestructuras deportivas, calles por donde hay que pasear sin falta y… ¡bares y discotecas, evidentemente!

Hablar de Salamanca sin hablar de su vida nocturna es imposible.
Sería como hablar de Salvador Dalí sin mencionar su locura o su bigote.
Las famosas fiestas salmantinas son indisociables de la ciudad pero, sobre todo, son indisociables de los recuerdos de cualquier estudiante que haya pasado unos días por allí.

Divertirse bailando en los bares de Salamanca es una buena manera para conocer a gente española y a otros estudiantes extranjeros pero, sobre todo, para aprovechar las vacaciones al máximo y así saborear la vida que, de noche, rodeado de amigos nuevos, parece tan fácil y dulce.

Pero ya las ilusiones se van, ya te queda solo un día, ya es hora de hacer las maletas y de que el avión te secuestre y te lleve de vuelta a Bélgica.

Solo te queda un idioma que te sume en una agradable nostalgia cada vez que lo oyes y una cabeza llena de recuerdos de encuentros increíbles.

Eso es lo que me aportó este viaje, que también me dejó algo mucho más precioso: las ganas de viajar y descubrir sin fin y la imposibilidad de saciarme.

Por eso, quiero expresar mi agradecimiento a todas las personas que me han ayudado en cualquier medida a realizar este proyecto: a la SBPE, a mis profesores de español, al Señor Segatto, a la Señora Goor, a la Señora Cuesta, así como a mi hermana.

France DAUBY
Instituto Saint-Benoît/Saint-Servais, Lieja