La mirada de Carlos Fuentes a la literatura hispanoamericana actual o mil ideas de lecturas

Puente 139(2009)

El 29 de marzo, Carlos Fuentes pronunció una conferencia en el “Bozar”, dentro del festival PASSAPORTA, conferencia similar a la que había pronunciado en Paris en el marco del Salón del libro.
En un francés elegante, metafórico, matizado de un acento melodioso, Carlos Fuentes habló de algunos de los libros recientes que, según él, marcan o marcarán la literatura.
Me propongo transmitir de manera fiel, pero resumida, el contenido de su ponencia que me dejó seducida por su mirada personal y el encanto de un momento extraordinario y que concluyó con la lectura, por el autor, de unas páginas de La región más transparente…

Introdujo su ponencia con una referencia al humorista Cantinflas “ lo que es la falta de ignorancia”… o a Ortega y Gasset, reconociendo la sabiduría de analfabetas…
Ignorancia, que hay que preservar porque es sinónimo de saberes tradicionales no escritos, transmitidos oralmente. Con las palabras escritas, se reduce todo… La oralidad fluye entre dos orillas: la memoria y la imaginación… el que recuerda, imagina muchas veces y el que imagina, recuerda… el puente entre esas dos orillas es el lenguaje oral o escrito.
La literatura del continente americano empieza en esa memoria épica, mítica de los pueblos que se transmite oralmente. Es el caso del Popol Vuh en el que cantos de amor, palabras de enseñanza conviven con acentos sangrientos y bélicos…
Las crónicas de B. Díaz del Castillo o de Sebastián de Covarrubias que habla de salamandras capaces de correr por una hoguera como si fueran de hielo constituyen las primeras manifestaciones de realismo mágico, novelas de estupefacción y recuerdos amplificados.
Pero hubo muy rápidamente por parte de los conquistadores una voluntad de restringir la imaginación, de suprimir esas culturas indígenas, esas tradiciones tan arraigadas que acabaron por (re)surgir en el barroco mestizo del arquitecto de Potosí. La autoridad colonial prohibió la redacción y la circulación de novelas de libros de ficción…
¡Qué elogio tan acertado para la novela el de considerarla peligrosa!
Igual de peligrosa podía ser la poesía de Sor Juana Inés de la Cruz, también censurada por la autoridad colonial.
La imaginación literaria se despertará otra vez durante las guerras de independencia con la voluntad de afirmar un nacionalismo lingüístico, un costumbrismo, que aparece en la novela El periquillo sarmiento de José Joaquín Fernández de Lizardi, primera novela mexicana, publicada en 1816.
En ese siglo XIX se manifiesta en América Latina la imperiosa necesidad de dar una identidad a las nuevas naciones; por eso aparecen muchos estudios históricos, como los de José María Luis Mora, en México, José Victorino Lastarria en Chile o, en Venezuela, el trabajo lexicográfico del venezolano Andrés Bello.
Cabe mencionar también la obra del gran escritor y político Domingo Faustino Sarmiento titulada Facundo, obra maestra del XIX hispanoamericano que, bajo la forma de una biografía de Quiroga, traza una descripción geográfica, una evaluación de la economía, una crítica política pero, sobre todo, presenta una reflexión sobre ‘civilización o barbarie’; ‘la civilización’, es decir la modernidad europea o norteamericana de la que tendrían que inspirarse, y ‘la barbarie’, el pasado colonial español y el mundo indígena. Ideas restrictivas pero representativas de esta necesidad poscolonial de ser modernos.
El tirano Facundo, opresor, asesino, tirano cruel es el prototipo de los dictadores que aparecerán en las obras de Roa Bastos, Carpentier, Vargas Llosa, García Márquez, y ofrece a Hispanoamérica una identidad negativa : la de los que se reconocen en el fracaso.
Y quieren superar el fracaso con el sentimentalismo. Por eso tuvo tanto éxito la poesía lirica amorosa que, al menos, en medio de la anarquía y la dictadura restablece une jerarquía sentimental de valores.
En este contexto, las novelas no son sino un suspiro en el huracán histórico. Podemos citar las novelas de Alberto Blest Gana en Chile, Cirilio Villaverde en Cuba, la excelente novela Los Bandidos de Rio Frio del mexicano Manuel Payno o la novela social y de aventura de Vicente Riva Palacios, Monja, casada, virgen, mártir.
Con la llegada del brasileño Machado de Assis, la novela latinoamericana entra en la tradición de la Mancha, después de Cervantes, de Sterne, de Diderot. Las Memorias póstumas de Bras Cubas forma parte de la tradición que empieza cuando Don Quijote se da cuenta de que el libro que están imprimiendo es su propia historia : la novela se reconoce como tal, habla de sí misma, se sabe leída.
Pero la literatura hispanoamericana tardó mucho tiempo en practicar realmente esta tradición de La Mancha y los intentos de seguir los patrones europeos del romanticismo o realismo generaron obras sosas, informativas… pero dieron lugar a reacciones del lenguaje y a preguntas : ¿de qué potencia es capaz la lengua ? ¿Le damos todas sus oportunidades o se las rechazamos valiéndonos del realismo? ¿Puede existir la realidad sin imaginación?
A pesar de sus princesas tristes, el nicaragüense Rubén Darío inaugura una renovación del lenguaje, une revolución que alcanzará su apogeo con Pablo Neruda en Chile, Cesar Vallejo en Perú. Esta renovación va a dar un nuevo impulso a la prosa, fundando una realidad en la palabra. Escritores como Rulfo, Carpentier, Borges, Asturias, Onetti o Lezama Lima encarnan el pre-boom. Apenas media docena de escritores. Seguidos del Boom, 10 o hasta 20 escritores, que se prolongará en post-Boom, en mini-Boom o en anti-Boom hasta contar con un centenar de excelentes novelas de lengua española.
Los aspectos importantes de este periodo son:
– el florecimiento de mujeres escritoras. Podemos mencionar a Guadalupe Nettel entre las más jóvenes,
– El desplazamiento del mundo rural hacia la ciudad moderna,
– y, sobre todo, una impresionante variedad de estilos, tendencias, opciones, temas, referencias.

La novela psicológica, social, política, el arte por el arte, el realismo social, la novela comprometida,… todas las categorías que se usaban hasta entonces ya no sirven y dejan espacio a dos elementos que realmente definen la literatura : la imaginación y el lenguaje. La variedad de la producción novelística de hoy es tan grande como el tamaño de nuestras ciudades, cuerpo virtual o manifiesto de la novela actual. Frente a esta abundancia, es prácticamente imposible establecer una clasificación, sólo podemos referirnos individualmente a autores representativos de la multiplicidad temática y lingüística de principios del siglo XXI.

Empezamos por Argentina y la gran curva de su literatura que va desde Tomás Eloy Martínez a Matilde Sánchez.
Sylvia Iparraguirre, que había publicado ya un relato extraordinario, La tierra del fuego, que contaba la historia de un indio llevado a Inglaterra para ser civilizado y que a su regreso vuelve a ser lo que era, un patagón, cuenta, en El muchacho de los senos de goma, tres historias mezcladas y separadas : Mentasti, un profesor de filosofía y sus contradicciones, la señora Vidot, entre nostalgia de la muerte y preocupación por sus gatos, y Cristóbal, fascinado por la filosofía y que para ganarse la vida vende objetos inútiles, como senos de goma. Otra protagonista de la novela es la ciudad de Buenos Aires, a la vez madre, madrina, madrastra, acogedora y voraz, corrupta e inocente no tiene forma, sino en sus contradicciones.

La loca geografía de Chile se refleja en las voces dominantes: las voces poéticas de Huidobro, Neruda, Mistral. La novela, descendiente de la poesía, puede alcanzar el nivel de la tragedia, es decir la aptitud de concebir el mundo como un combate de valores.
Nos gustan las series de televisión, el melodrama, las películas del oeste en las que los buenos llevan sombrero blanco y los malos sombreros negros.
Más difícil es adentrarnos en el territorio gris de la duda. Lo hace Carlos Franz en El desierto, historia de una mujer de izquierdas que después del exilio vuelve y se encuentra con su pasado, el hombre al que quiso, un militar asesino, en un intento de encontrar en él una mínima humanidad… La lección de esta novela y del fracaso de la mujer es que la felicidad asegurada no existe. La parte luminosa del ser humano se opone siempre a su lado demoniaco y lo que es importante es nuestra capacidad trágica para asumir Bien y Mal y transmutarlos en justicia.

El novelista peruano Santiago Roncagliolo consiguió escribir una novela policiaca y política a la vez. Abril rojo cuenta las peripecias de la vida de Félix, un esforzado fiscal que siempre ha actuado conforme al reglamento y que se enterará de que la muerte es la única forma de vida. Una novela con secretos y revelar uno de ellos sería revelarlos todos…

El florecimiento de los nuevos novelistas colombianos es impresionante. El enorme éxito de Gabriel García Márquez ha sido asumido por la generación actual… como si él hubiera agotado el yacimiento de lo “real maravilloso”. Imitar a Gabriel García Márquez es imposible, descubrir otros caminos es posible, escalar otras montañas es necesario. Sólo se echará una ojeada en ese panorama mencionando a Santiago Gamboa, Héctor Abad Faciolince, Juan Carlos Botero, Laura Esquivel, William Ospina.
Con La Historia secreta de Costaguana, Juan Gabriel Vásquez nos muestra que la historia es una ficción. En un contexto real: el del desmembramiento de Colombia y de la construcción del canal de Panamá, José Altamirano, el protagonista, pasa la palabra al escritor Joseph Conrad, pero reivindica la paternidad de la escritura. El procedimiento de la novela de Conrad en la novela de Vásquez nos plantea el problema del devenir novelístico. La belleza, el secreto reside en la tensión entre dos destinos, entre dos escrituras, de la frontera entre ficción y realidad, entre verdad y mentira.
¿La novela sería, pues, como decía Dostoievski, la verdad de la mentira?
Vásquez nos sitúa frente a alternativas morales e históricas insoslayables. En Los informantes, nos muestra un territorio poco frecuentado por la novela, los efectos de la segunda guerra mundial y la situación de las comunidades alemanas en América. En el marco de este conflicto mayor, la guerra, se sitúan conflictos intrafamiliares, con destinos y familias destrozados, con personajes que se enfrentan por haber vivido vidas insuficientes. Vásquez ofrece a estos temas una gran inteligencia narrativa y una reflexión sobre la acción y la conciencia humana, sobre la capacidad para cometer errores, para traicionar, para mentir…. Los personajes se encierran en el silencio, la ceguera, la hostilidad que el autor traduce recurriendo a la elipsis y a la ironía.
¿El arte de le novela sería pues el medio con el cual corregimos la enfermedad, lo mal dicho (con un juego de palabras entre “mal dit” y “maladie”), la maldición de la vida, expresándolo bien (‘novelando’) o de manera distinta?
En México, la renovación de la novela pasa por escritores que se apoderan de Vladimir Propp y su Morfología del cuento. Hay como una matriz de la ficción con funciones que se repiten, pero con variedades. Esto plantea el problema de saber dónde encontrar la originalidad en la ficción.
Escritores como Mario Bellatin, Álvaro Enrique y Daniel Sada representan esa búsqueda de nuevo en las reglas antiguas. Como grupo de escritores mencionamos al grupo del “Crack” al que pertenecen Jorge Volpi, Ignacio Padilla, Pedro Ángel Palou y podemos añadir Cristina Rivera Garza y Xavier Velasco. En Amphitryon, Ignacio Padilla nos ofrece un abanico de cambios de identidad, de estrategias de supervivencia. En Paraíso clausurado, Pedro Ángel Palou explora las incertidumbres de la inteligencia, que a veces llega a la autodestrucción. Escribió además dos magnificas biografías, entre ellas la de Emiliano Zapata.
Jorge Volpi, en En busca de Klingsor, describe el dilema de un físico alemán, héroe o traidor; leal o desleal para con su ciencia, para con su patria. Es una especie de fábula moral para nuestra época. ¿La ciencia ha dejado de ser inocente? Es la pregunta planteada por una intriga apasionante. Klingsor, como un héroe germánico mítico, nos sitúa frente a un choque de civilizaciones, no el de Huntington, sino un choque entre fe religiosa y fe científica. Vemos que la ciencia es todavía menos fiable que la religión, ha dejado de ser inocente y puede destruir el universo.
Cristina Rivera Garza ubica aparentemente su novela Nadie me verá llorar en México, en los primeros años del siglo XX. Más exactamente, lo ubica en un asilo, en un burdel, en un tiempo literario en el que conviven lo contemporáneo y lo no contemporáneo. Novela negra, lenguaje despojado, una magnifica revelación novelística.
Xavier Velasco, en un Diablo guardián, da la palabra a una mala niña, con una vida erótica desenfrenada, un lenguaje popular cambiante.
Y se cierra así el círculo de la oralidad. El universo épico exige un solo lenguaje y, al contrario, la novela representa la pluralidad de lenguas; ni Emma Bovary con su marido ni el Quijote con Sancho hablan la misma lengua. La novela exige diversidad de lenguaje, lenguaje mestizo.
Si esta novela pone el lenguaje en tela de juicio es porque la novela es generadora de duda. Ni las certidumbres religiosas ni la fe política ni la ideología pueden condicionar la novela, pero sí pueden aparecer en las novelas como problemas dejando abiertas las ventanas, dejando actuar la imaginación, siguiendo la frase de Blaise Pascal, “ J’ai un doute à vous proposer”

Con el argentino Tomas Eloy Martínez aparece una reflexión importante acerca de la ficción. Su novela Purgatorio se propone tratar por la ficción el tema de los desaparecidos de los años 1976 a 1981 en Argentina. Las prácticas de tortura, asesinato, violación de la persona humana, desapariciones… Y ¿cómo incorporarlo en una ficción? El personaje, Emilia, casada con un cartógrafo a quien confunden con un terrorista y “desaparecido”, le anda buscando durante años… A los 60 años de éste, se topa con él… Pero, para él, el tiempo no ha transcurrido y sigue teniendo 30 años. Va a romper con la costumbre adquirida por Emilia de vivir en la ausencia, el recuerdo, va a suscitar una sonrisa llegada desde lejos…

Con la novela, podemos crear todas las realidades,
imaginar lo que todavía no existe,
parar el tiempo,
En la novela, buscamos la realidad de la historia que hemos olvidado, porque la historia fue lo que fue, la literatura nos ofrece lo que la historia no ha sido…

La conferencia de París (en francés) puede consultarse en :
http://www.dailymotion.com/video/x8n13t_carlos-fuentes-conference-bnf_creation

Joëlle LINTS