A la Señora Dehennin-Galle

Puente 139(2009)

Recuerdo a una gran dama.
Recuerdo a una gran hispanista.
Recuerdo a una profesora excepcional que me comunicó su afán por la literatura española y latina.
Recuerdo una voz dulce, llena de convicción, tanto dando clase como charlando en una tertulia, en un café, en un restaurante.

La señora Dehennin era una docente eminente, elegante, sonriente, exigente, muy exigente…
No obstante, la mayoría de sus alumnos no sólo la admiraban sino que también la querían.
Sus cursos, tanto de historia de la literatura como de narratología, necesitaban toda nuestra atención. Ella la conseguía por la calidad de su enseñanza y su amor a la literatura, que abarcaba siglos y continentes diferentes.
De Cervantes a Julian Ríos pasando por Federico Garcia Lorca, la Generación del 27, Juan Goytisolo, el realismo mágico y mucho más, la literatura en castellano se convertía, estudiando con ella, en una fuente inagotable de placer intelectual y poético.
A veces nos perdíamos en la terminología de la narratología: ¿de qué narrador se tratará en este pasaje de Juan sin Tierra? Y la pesadilla era que nos preguntara en clase.
Era una profesora exigente pero muy humana. A los alumnos que seguían sus clases inmersos ya en la vida profesional, como yo, nos daba la oportunidad de presentar ciertos exámenes en la fecha que mejor nos conviniera, cuando estuviéramos preparados. Un regalo en cierta medida envenenado: ¿Quién iba a atreverse a presentarle un trabajo flojo?
Rara vez encontré a un profesor en el que el elitismo intelectual se mezclara con un carisma tan fuerte.
Y rara vez un profesor me inspiró tantas ganas de sorprenderle y de superarme.

Recuerdo a una mujer….

Era una mujer laica, demócrata ante todo, y lo afirmaba, tomaba posición claramente. Algunos de nosotros compartimos también con ella no sólo afinidades intelectuales sino también políticas.
Era una mujer algo altiva y eso incluso formaba parte de su atractivo. Porque encarnaba, para mí, una élite ilustrada.
Era una mujer a veces casi cariñosa. Mimaba de cierta forma a sus alumnos de filología hispánica. A mí me animó a presentar mi tesina cuando estaba a punto de renunciar, muy cansada del curso y desanimada, como lo hubiera hecho una madre sin dejar de ser mi profesora. Se preocupaba sinceramente de su “cuadrilla”.

Tenía mucha consideración por la labor que llevábamos a cabo en la SBPE. Cuando se jubiló, la SBPE le organizó un acto de homenaje en el ayuntamiento de Bruselas: invitamos a un cantante de ópera que celebró, cantando, una carrera excepcional. Y le regalamos un monotipo de un artista belga. Nos ilusionaba regalarle eso a ella, a quien le gustaba tanto el arte.

Llevaba mucho tiempo sin verla cuando me enteré de su muerte. Y me emocionó. Sin duda forma parte de las personas que conocí en mi vida que me impulsaron a superarme y a perseguir la excelencia. Con la que compartí encuentros memorables de hispanistas e hispanófilos. Como un coloquio del Aleph en Lieja dedicado a la literatura uruguaya, por citar sólo uno.
Ni siquiera le faltaba el humor… Se sabía cantidad de anécdotas y hasta chismes que nos contaba en algún encuentro o al final de un coloquio, como si fuéramos cómplices.

Sus cómplices… Sí, me atrevo a decir que muchos de nosotros, sus alumnos, fuimos sus cómplices…Y seguiremos siéndolo si conservamos el deseo de enseñar el español a nuestro nivel con la misma maestría y la misma voluntad de difundir la cultura con una C mayúscula, integrándola en una visión democrática del mundo.

Gracias Madame Dehennin. Gracias Madame Dehennin-Galle. Gracias Elsa, nombre en sí tan poético.

Anne CASTERMAN