Vivir en Guernica

Puente 138(2009)

“¡Qué va! ¡Vivir en Guernica : te mueres!” (1) En aquella tarde de abril de 1937, muchos (no se sabe exactamente cuántos), efectivamente, murieron allí; no de tedio, sino de terror y dolor.

Hacía ya nueve meses que había empezado aquella guerra llamada “civil” que partió España en dos bandos. Del lado republicano, sólo quedaban Cataluña, Madrid, Valencia y el aislado País Vasco. Las otras regiones ya se habían sometido a la fiebre nacionalista, por traición, por astucia o por convicción. El País Vasco se negaba a renunciar a sus derechos ancestrales, los “fueros”, que desde siglos juraban respetar los Reyes de Castilla bajo el “árbol” (un roble).

¿Guernica, ciudad simbólica y por lo tanto objetivo conjunto de los nacionalistas, aliados con los nazis alemanes? Aquel domingo 26 de abril de 1937, desde las 16.30 hasta las 19.45, la aviación alemana tiró bombas explosivas e incendiarias, de fósforo, sobre el corazón de la ciudad. Dejaron el 20% de la ciudad en llamas, un contestado número oficial de 1654 muertos y más de 800 heridos, civiles en su mayoría. En ocho semanas, después de la caída de Bilbao, todo el norte quedó ocupado por las fuerzas de Franco. En consecuencia, se prohibió la lengua vasca. ¿Fue sólo “un error”, como declaró después el General alemán Galland? ¿O más bien la ocasión idónea para “probar la joven aviación hitleriana en algunos aspectos técnicos”, como confesó Goering en el proceso de Nuremberg?

El 70% de Guernica estaba destruido pero la voluntad de vivir se mantenía fuerte… Con la llegada de la democracia, en los años 80, Euzkadi recobró poco a poco sus libertades y la ciudad de Guernica se reconstruyó, entre fidelidad a la memoria y afán por evolucionar.

Los pocos “turistas” extranjeros que se atreven a visitar la ciudad en 2009 pueden comprobar su vitalidad: mercado todos los lunes con abundantes productos de caserío, ferias especiales dedicadas a la ganadería y a la agricultura, fiestas musicales y patronales a lo largo del año, sin olvidar cada 26 de abril, aniversario del bombardeo, las jornadas de Cultura y Paz.
Guernica no olvida… Su Fundación Museo de la Paz abre sus puertas en la Plaza Foru, de martes a sábado. Se trata de un interesante museo temático dedicado a la cultura de la Paz. Detrás, en la parte norte de la ciudad, se halla la Casa de Juntas (1826), en donde tiene sus sesiones el Parlamento de Bizkaia. Su jardín conserva el antiguo roble del que sólo queda el tronco, bien guardado dentro de un templete construido en 1929. El árbol actual, plantado en 1860, se levanta frente a la tribuna. Al lado de este conjunto, el Parque de los Pueblos de Europa (1991) acoge obras de los escultores Chillida (guipuzcoano de San Sebastián) y del inglés Moore. Un bello lugar donde pasean los ancianos y se desahogan los jóvenes. Para terminar el recorrido, ¿cómo no detenernos una vez más frente al mural de cerámica que nos ofrece una conmovedora copia del “Guernika” de Picasso?

¿Quién ha dicho que uno puede aburrirse en Guernica, una ciudad tan llena de vida?

Martine MELEBECK

(1) Dos amigas charlando en la terraza de un bar del puerto de Bermeo, costa de Biscaya.