Viaje Sevilla-Cádiz Agosto de 2008

Puente 135(2008)

La víspera de nuestro viaje, por la noche, no ne se podía oir ni un ruido en nuestras casas. Todo estaba tranquilo, excepto nosotros. No logramos dormirnos. La mochila hecha, los padres preocupados, pero dándonos confianza, y nosotros muy nerviosos. Dentro de 12 horas, estaríamos en España…

Nos juntamos en el aeropuerto de Bruselas a las ocho de la manaña. Después de los controles habituales, ni siquiera volvimos la cabeza para saludar a nuestros padres: ya estábamos en España, por lo menos mentalmente. Pasaron unas horas y solamente al salir del aeropuerto de Sevilla entendimos nuestra situación. Como todos los aeropuertos del mundo son iguales -las mismas normas de seguridad, las mismas azafatas…- y el de Sevilla era muy parecido, tuvimos que salir fuera para darnos cuenta de que estábamos libres (eso lo cambia todo), un sentimiento muy nuevo porque era la primera vez que viajábamos solos.

Tardamos una hora en encontrar el hotel : coger el autobús, andar, perdernos, preguntar, andar, perdernos, preguntar… pero al final llegamos. Sevilla es una ciudad muy turística y llena de extranjeros; en verano no hay estudiantes, porque se vuelven a sus casas. Nuestro primer contacto con Sevilla fue un poco peculiar: estábamos cargados con las mochilas, sofocados por el calor del mediodía, pero maravillados de las pequeñas calles estrechas y de la alegría de la gente. Cada uno parecía disfrutar de la ciudad a su manera. El hotel estaba justo al lado del centro histórico y cerca del Guadalquivir: en dos minutos podíamos llegar a donde quisiéramos.

Fuimos directamente a descubrir la ciudad, con una botella de agua, un mapa, una cantimplora y nada más : lo repetimos durante 4 días. Creemos que la mejor manera de ver una ciudad es recorrer sus calles, andar por ellas sin meta precisa e ir mirando… Así llegamos a la casa de Pilatos, una propiedad muy bonita que pertenecía al Marqués de Tarifa. Allí nos refrescamos en sus jardines, a la sombra de los árboles. Esta casa es una de las maravillas de Sevilla, escondida fuera del casco antiguo. Fue, para nosotros, la mejor visita que hicimos.
Además ¡como no nos dejaron entrar en la catedral… ! No somos mayores de edad y como no estábamos con una persona mayor, solamente pudimos ver la catedral desde fuera. ¡Qué cómico ! Expusimos varios argumentos, como por ejemplo que en Bélgica la mayoría de edad era a los 16 años, pero no conseguimos nada. Eso, por suerte, no se repitió.
Otro día dimos una vuelta en autobús para ir a otros sitios que estaban lejos. A la plaza de España, que es una plaza gigante, construida a principios del siglo xx, y que representa las regiones de España y las antiguas colonias. Al sitio de la expo de 92, dejado en ruinas, excepto el puente de Calatrava. Este puente simboliza para nosotros la apertura de Sevilla hacia el mundo, porque se asemeja a un brazo abierto. Sin embargo, creemos que el mejor medio de transporte para circular por la ciudad es el tranvía. Hay más o menos un tranvía cada minuto y no es caro, así que es muy práctico.

Cuando teníamos hambre, íbamos a comer unas tapas que también forman parte del ambiente de España. Sentarse, pedir, y disfrutar: no se puede explicar. Nuestra tapa preferida era el jamón ibérico.
La mejor parte del día se situa entre las ocho de la tarde y las doce de la noche. En ese momento se puede vivir sin que el calor del sol abrase. Fuera de ese período, siempre que podíamos estábamos a la sombra, en los jardines. Pero no aconsejamos andar por la noche hasta muy tarde por la calle, porque las riegan para refrescar y humedecer un poco el aire. ¡ Qué despilfarro !

En resumidas cuentas, digamos que Sevilla es una ciudad maravillosa con un ambiente muy particular. Es heredera de dos culturas. Los musulmanes dejaron ahí un sabor que nunca se perderá. Sevilla ha conseguido atravesar los siglos sin haber sido destruida nunca y esperamos que siga siendo así.

El viaje de Sevilla hasta Cádiz…

Cogimos el tranvía y el tren (transportes urbanos de Sevilla) hasta Santa Justa, una estación de Sevilla. Por supuesto, perdimos el que queríamos coger, y tuvimos que esperar durante una hora y media i…! Allí conocimos a una familia que se iba a vivir a Barcelona, y les explicamos por qué estábamos nosotros allí, etc…

Dos horas después, ¡estábamos en Cádiz! No sabíamos nada de esta ciudad y habíamos quedado con Ángel en que le llamaríamos una vez en la estación, lo cual hicimos al llegar. Nos dijo “ ¡Corred, corred!” … Gracias pero, ¿a dónde y por qué?… “¡porque se va el barco!”.
Lo que pasaba era que teníamos que coger un barco hasta “El Puerto De Santa Maria”, pero no lo sabíamos Y, una vez más, tuvimos que esperar una hora…

Cádiz

Lo que vimos de Cádiz antes de llegar a casa de Ángel no parecía muy atractivo, sobre todo la urbanización. Al llegar, había ocho personas de la Ruta Quetzal en su casa, tres de Madrid, una de Cantabria y cuatro de Cádiz. Era realmente el primer contacto con españoles desde el inicio de nuestro viaje. Hablamos mucho con ellos, pero como casi todo el tiempo se hablaba de la Ruta, Juan Carlos no podía participar en la conversación. Además, como en Cádiz hablan muy deprisa y con expresiones especiales, no era fácil entenderse al principio. Pero eran jóvenes como nosotros y enseguida conectamos muy bien.

El sábado: era el último día que pasaban allí dos compañeros de Madrid, así que no visitamos la ciudad. El tío de Ángel vive en la misma calle y fuimos a su casa porque había piscina. También jugamos al futbolín y nos impresionó mucho su alto nivel de competencia y su rapidez. Por la tarde fuimos un rato a la playa.

El domingo: a mediodía, la madre de Ángel hizo una paella y una especialidad de Andalucía, con patatas, huevos, aceitunas y aceite, que estaba bastante rico. Después, fuimos en tren a Jerez de La Frontera. En el centro de la ciudad vimos bodegas por supuesto, verdaderas catedrales del vino, el teatro del centro e iglesias. También nos enteramos de que la estación de Jerez fue realizada por G.Eiffel, cosa que desconocíamos.

El lunes: último día de nuestro viaje. Ya había llegado el momento de hacer las maletas, ordenar el garaje y, unas horas después, estar en Sevilla. Fue una experiencia maravillosa, tanto en el nivel del país como en el de conocer a sus gentes.

Antes de terminar, quisiéramos dar las gracias a todas las personas que nos permitieron hacer este viaje, a la señora Goor y a la S.B.P.E.

Pierre-Yves ARDANT
Jean-Charles HUBERT