Algunos aspectos de la formación de palabras en el español actual

Puente 135(2008)

Con la vuelta a clase y la llegada a la Consejería de Educación de los nuevos asesores, se reanudaron el pasado mes de octubre los seminarios sobre la formación de palabras en el español actual, presentados por el Profesor De Bruyne.
En el número 134 de Puente, se pudo leer un resumen de los seminarios precedentes en los que el Profesor había empezado a hablar de la formación por derivación.

Como introducción al seminario de octubre, el Profesor De Bruyne nos recordó que la formación por derivación es típica de las lenguas románicas, método muy diferente del de las germánicas, que lo hacen por composición. Y añadió que la lengua española es la que da más importancia a este procedimiento.
La formación de palabras en castellano se hace mucho con afijos y muy concretamente con sufijos. Existen más de 200 sufijos, pero no todos son igualmente productivos. Por ejemplo, a partir del sufijo -ego se forman adjetivos de calidad o de origen o pertenencia : manchego, solariego (que se usa en combinación con el sustantivo casa), andariego (a quien le gusta andar), mujeriego, ( casariego : yo lo quitaría, es un asturianismo. En castellano, se dice ‘casero’), veraniego etc. Estos sufijos pueden ser apreciativos, afectivos, expresivos, evaluativos, emotivos, etc y nos dan un complemento de información o de emoción con un valor intensificador.

En cuanto a los diminutivos, todas las categorías de palabras admiten diminutivos. En español existen diferentes formas : -ito, que es el panhispánico por excelencia, e –illo, que es más antiguo y que se encuentra principalmente en los textos, además de tener carácter regional en Granada.

Ocurre también el fenómeno de lexicalización, es decir cuando el sufijo afectivo ha perdido parcial o totalmente su valor primitivo. Es el caso de cinturón, mascarilla, ensaladilla o bocadillo.
También este diminutivo –illo puede tener una función satírica o irónica. Cuando el periodista y escritor Francisco Umbral quería hablar con desdén de los otros autores, los llamaba escritorcillos.
Como ya hemos dicho, algunos sufijos revelan un carácter regional como –ico, que es típico de Aragón (una cervicica) o –in, -ino, propio de la zona de Oviedo, en Asturias, o –iño en Galicia (la mariquiña).
La lista de todos estos diminutivos sería muy larga. Baste con mencionar sólo algunos, como el sufijo –ete (gordete), -ejo (peseteja, durejo) que tiene un aspecto especializado en asuntos de dinero.

En cuanto a los aumentativos, destacan tres : -azo, -ón e ísimo.
Existen dos tipos de aumentativos en –azo : -azo¹, que se encuentra en todas las lenguas románicas y con el que se forman términos de valor adjetival : gustazo, y –azo² que se encuentra sólo en España y con el que se forman nombres de acción : golpetazo, telefonazo…

El caso del sufijo –ón es interesante en el caso de solterón y solterona porque con el mismo sufijo tenemos dos orientaciones diferentes.
-ísimo, por su parte, se utiliza tanto para formar el superlativo como para el aumentativo.

Y ¿qué son los mediosufijos (: ¡ esta palabra no existe ! ¿serán infijos ?) ? Son sufijos que tienen un valor aumentativo, que se combinan, adquiriendo así otras conotaciones, como, por ejempo, grandote o amigote. Pueden ser despectivos : es el caso de los mediosufijos /infijos –udo, -uco, -ucho, -uelo, -ujo.
Con –oide estamos en el lenguaje técnico : alcaloide, negroide. Significa « forma », « aspecto de » y se usaba en principio para formar términos técnicos ; pero ahora se añade a palabras para minorar.

Si analizamos la frecuencia de los sufijos apreciativos, nos damos cuenta de que son plurifuncionales : un mismo sufijo sirve para varias cosas. También, para expresar una misma idea, podemos utilizar varios sufijos, como por ejemplo amarillento y rojizo.

Hay sufijos que tienen una característica neológica o están de moda. Es el caso de –ata : el bocata, el curata, etc.

Otros son sufijos cultos o extranjeros como –itis (apendicitis) ; se encuentran en el léxico médico / científico. Sin embargo, actualmente –itis se aplica a términos usados por todos, como « sin dineritis, gandulitis o sin perritis » (aplicado a la perra gorda que era una moneda de poco valor a principios del siglo XX).
El ejemplo del sufijo –amen también es interesante. Primitivamente culto, se popularizó luego, como en tetamen, pechamen o culamen para dar una idea de abundancia.

Y para terminar esta lista no exhaustiva, mencionemos los sufijos –manía (como en Obamanía), -oteca (discoteca, vinoteca), -landia (discolandia, dulcilandia) e –is, -es que son bastante populares pero de origen incierto : un frescales, un bocatis, una rubiales…

Y el Profesor De Bruyne terminó su ciclo de seminarios, subrayando que, desde el punto de vista sociolingüístico, el uso de prefijos, diminutivos en el españo peninsular, es típico del idiolecto femenino.

Mireille VERDIÈRE