El pianista

Manuel VÁZQUEZ MONTALBÁN, El pianista,
Barcelona, Debolsillo, 2004, 286 págs.

Cuando se habla de Vázquez Montalbán, se suele pensar en el creador del personaje de Carvalho y en la serie de novelas policíacas protagonizadas por ese detective fuera de norma. Es olvidar que Vázquez Montalbán es también el autor de novelas muy valiosas como Galíndez, Autobiografía del general Franco, César o nada,…
El pianista, novela que Manuel Vásquez Montalbán publicó por primera vez en 1985 en la editorial Círculo de lectores es, a mi juicio, una de las mejores novelas sobre el tema de la amnesía colectiva generada por la transición y del consiguiente desencanto.
Cuenta, en tres partes que remontan el tiempo, la historia de un pianista, Alberto Rosell, cuya carrera se vio interrumpida por la guerra civil.
La escenificación de la primera parte es en la Barcelona de 1983, en el ambiente de la victoria de los socialistas en las elecciones. Un grupo de noctámbulos anda por los bares de moda de la ciudad condal y terminan por quedarse en una discoteca de travestis. Entre la clientela están Javier Solana, el Ministro de Cultura, acompañado por Luis Doria, un ex-papa de la vanguardia y los de « La generación que está en el poder : … Los que supieron dejar de ser franquistas a tiempo y los que supieron ser antifranquistas en su justa medida o a su justo tiempo. » (pág. 57). Las atracciones son acompañadas al piano por Alberto Rosell, un hombre que parece más viejo de lo es, con su ropa desgastada y su aspecto humilde. Terminado el número, Luis Doria aplaude calurosamente al pianista que hace como si no lo viera : « El pianista se limitó a cerrar los ojillos y los mantuvo cerrados hasta que Doria desfiló ante él… » (pág. 92).
En ese pimer capítulo, el lector no se enterará de más cosas sobre ese personage excepto que, después de su actuación, regresa a su pobre piso donde cuida de Teresa, su compañera encamada.
La segunda parte ocurre en 1946. Rosell acaba de salir de la cárcel donde estuvo encerrado durante seis años. Sueña con encontrar un piano. Una tarde, sus vecinos le llevan a hacer un recorrido no de los bares sino de las azoteas que unen los pisos del barrio popular donde mora. Durante aquel deambular nocturno – que recuerda el de los comparsas de Max Estrella en Luces de Bohemia de Valle-Inclán – halla por casualidad un viejo artículo de prensa que hace el elogio de su amigo Luis Doria : « En plena juventud, Luis Doria es una demostración viva de lo eterno español[…] Doria ha puesto su joven prestigio internacional al servicio de la verdad de España en unos momentos en que la conjura internacional pone en cuarentena a un pueblo sin otro pecado que haber estrangulado al comunismo internacional con sus propias manos. Alejado de España durante la cruzada de liberación, Luis Doria supo reconocer a tiempo que su sitio estaba en España y junto a España. » (pág. 134).
La última parte se sitúa en 1936. Alberto Rosell está de becario en París, lleno de ilusiones sobre su porvenir de músico, cuando estalla la contienda. Cuando llegó a París, fue acogido por Luis Doria, también músico, un chico narcisista, provocante, sempiterno revolucionario de palabra. Durante el breve tiempo que se quedó en el París del Frente popular, Rosell conoció a Darius Milhaud, frecuentó los grupos progresistas y encontró a Teresa que, en aquel tiempo, era la amante de Luis Doria. Al enterarse de los acontecimientos que acababan de desestabilizar España, Alberto Rosell decide renunciar a su porvenir prometedor de músico para regresar al país y alistarse en las tropas del POUM. Teresa y un hispanista sueco se juntan con él, mientras Doria, el gran revolucionario, tal como había adivinado Teresa, se queda a cubierto en búsqueda del éxito :
– ¿Y Luis ?
– Se quedará. Seguro. No. No lo dudes. Está a punto de recoger los frutos de una larga siembra y no va a dejar escapar su oportunidad. No lo culpo. Vivo y dejo vivir. (pág. 275).
El pianista es una novela de gran calidad, conmovedora y amarga a la vez, sobre el desencanto que acompañó la transición. « O se enchufan con la Generalitat los de Convèrgncia o en los ayuntamientos los socialistas y los comunistas. Y todo lo demás paro, subempleo y vida contemplativa en las casas rurales semiabandonadads de las familias, eso en caso de pertenecer a familias proprietarias de casas rurales abandonadas. » (pág. 27)
Aunque se inscribe en un marco histórico bien definido, El París de preguerra, la España de la época franquista y la de la transición, El pianista es una novela de alcance universal.
También es una reflexión sobre los que, de verdad, fueron los vencedores y los vencidos de la contienda.

Rodolphe STEMBERT