Noticia de un secuestro

Puente 134(2008)

Gabriel García Márquez, Noticia de un secuestro,
Mondadori, Madrid, 1996, 327 pgs

Los numerosos secuestros de periodistas, de personalidades importantes o de desconocidos en la actualidad internacional me han hecho pensar en Noticia de un secuestro.

El libro fue publicado en 1996, a petición de una pareja de colombianos de la buena sociedad de Bogotá después del secuestro de la esposa, Maruja Pachón, en noviembre de 1990, y de su liberación, en mayo de 1991, en gran parte gracias a la intervención de su esposo, Alberto Villamizar.

Gabriel García Márquez, que empezó su carrera por el periodismo, había escrito en los años cincuenta un largo reportaje sobre los once días pasados en una balsa por un náufrago. Ya se trataba de un encierro, del aislamiento, de la voluntad de sobrevivir.
Noticia de un secuestro es una obra de periodista, pero el libro tiene además el ritmo de un thriller donde la realidad parece a veces ficción.

Pero situemos primero la acción y los personajes, para hablar como si fuera una novela.
María Pachón de Villamizar no fue la única secuestrada en aquel momento.
En Medellín y Bogotá, Colombia, entre agosto y noviembre de 1990 son raptadas, en lugares diferentes, diez personas. Son periodistas o personalidades cercanas al poder político.

Los autores son los narcotraficantes de la banda de Pablo Escobar en Medellín, que actúan en Colombia desde los años ochenta. Asesinatos políticos, masacres en la calle y batallas con la policía y el ejército forman parte de la vida cotidiana.
Por fin, el gobierno colombiano decide aplicar la extradición de los narcotraficantes a los Estados Unidos, ya que algunos de ellos fueron condenados allí.
Esto aterroriza a «los Extraditables» ya que saben que las penas serán mucho más severas en América del Norte que en Colombia. Así pues, lo que piden, si se entregan, es cumplir prisión en su propio país, en donde, además, estarán seguros frente a sus enemigos de las otras bandas, el cartel de Cali por ejemplo.

Los secuestrados, desde luego, sirven de moneda de cambio: su liberación contra el encarcelamiento en Colombia de los Extraditables.
La propuesta de los narcos dará lugar, claro, a largas discusiones en el nivel político con intervención de los medios y de los amigos o familiares de los rehenes.

El tono es el de un periodista que nos da «noticias»: relata hechos criminales en un país al borde de la guerra civil, sin melodrama ni juicio moral, pero con precisión y realismo, sin olvidarse de evocar las posibles causas lejanas y próximas de esta situación catastrófica.

¿Un buen reportaje, con muchos detalles, retratos, anécdotas? Sí, pero con algo más.
El ritmo del libro, su construcción –alternando los capítulos sobre los que están «dentro» y los que están «fuera»- los numerosos diálogos son los de una novela muchas veces apasionante.
Los hechos mismos: secuestros, encarcelamiento de los rehenes, gestiones de los que están «al exterior»,alternan con breves retornos al pasado del país y de los individuos.

Pero lo que llama más la atención son las relaciones entre los secuestrados y sus guardianes, casi siempre encapuchados.
Según la personalidad de los diez rehenes, su experiencia anterior, su sexo, las situaciones son diferentes a pesar de que todos viven en la penumbra, muchas veces encadenados, a veces totalmente aislados, en lugares desconocidos, sin poder salir de un espacio limitado durante varios meses.

Marina Montoya, 64 años, madre de siete hijos y perteneciente a la alta sociedad, vive sola y aterrorizada los dos primeros meses del secuestro. Cuando se reúnen con ella otras dos rehenes, se ha convertido en «una mujer fantasmal con el cabello blanco y mustio, los ojos atónitos y la piel pegada a los huesos»,

Maruja es periodista y directora general de Focine, una compañía estatal de cine; Beatriz es su asistente. Tendrán que aprender a convivir con Marina y con los guardianes, que les imponen duras condiciones sobre todo los primeros días. Maruja tiene una personalidad fuerte: «por su temperamento, no se guardaba nada que pudiera amargarla… los encaraba (a los guardianes cuando se enfadaban) con una determinación escalofriante: «Máteme».
Hay que precisar, sin embargo, que nunca habrá tortura ni violaciones.

Francisco Santos, jefe de redacción del periódico «El Tiempo», en Bogotá, vive un secuestro «tan abominable, pero menos severo». Juega al ajedrez con uno de los guardianes, lee, pero a veces tiene ganas de fugarse o de suicidarse.

Diana Turbay, hija de un ex presidente de Colombia, también es periodista. Es capturada con cinco miembros de su equipo en la región de Medellín, mientras trataban de hacer una peligrosa entrevista a un rebelde, en contra de la opinión de sus familiares. Los miembros del equipo estarán separados y tendrán que soportar varios cambios en condiciones difíciles. Diana tendrá remordimientos de conciencia por haber puesto a los otros cinco en una situación tan grave.

Los guardianes, por su parte, son drogadictos, muy jóvenes, de un origen social pobre. Trabajan por dinero, quieren «vivir la vida», pero son tan religiosos como los rehenes: «Vivían aferrados al mismo Divino Niño y a la misma María Auxiliadora de sus secuestrados.»
Ellos «también parecían secuestrados…conocían mal Bogotá y los llevaban vendados o en el baúl para que no supieran dónde estaban.»

Fuera, el sufrimiento de las familias de las víctimas es grande; hay entrevistas con miembros importantes del gobierno y con el presidente mismo, programas de televisión especialmente organizados para los rehenes, mensajes leídos en la famosa «Radio Caracol» e incluso una intervención del papa Juan Pablo II. Algunos miembros de las familias organizan encuentros con unos tenientes, ya encarcelados, e incluso con el mismo Pablo Escobar.

Por fin serán liberados ocho secuestrados – ya que los narcos obtienen la no-extradición- pero morirán dos: una es asesinada por los sicarios de Pablo Escobar y otra muere en un tiroteo entre la policía y los narcotraficantes.

El libro es un acierto y se lee con interés; sin embargo, quedan muchas preguntas sin respuesta, por ejemplo sobre la responsabilidad del gobierno que durante largo tiempo parece impotente frente a la corrupción y la violencia generalizadas, y las increíbles exigencias del increíblemente popular Pedro Escobar y su banda.
«Noticia de un secuestro es más fantástica que la más fantástica de mis novelas» ha dicho el Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, conocido a veces superficialmente por su llamado «realismo mágico».

Josine CANCELIER-MAHY