Una experiencia inolvidable

Puente 129(2007)

Un año de intercambio se dice fácil, sin embargo, es mucho más que vivir en un país extranjero en donde no tienen tus mismas costumbres, no hablan tu idioma y las personas son muy diferentes a aquellas de tu país de origen.

Mi historia comenzó un jueves por la noche, cuando tuve que decirle adiós a ese maravilloso país que es México, mi hogar, adiós a mi familia, a mis amigos, en fin, a mis seres queridos y, aunque ya tenia idea de lo que me esperaba, como decimos nosotros, “al otro lado del charco” (es decir del otro lado del océano Atlántico), no fue ni siquiera una pequeña parte de lo que de verdad fue mi experiencia.

Las primeras impresiones que tuve de Bélgica fueron que, saliendo del aeropuerto, después de haberme perdido por más de 20 min. con mis compañeros al tratar de localizar el área para recoger nuestro equipaje, no nos esperaban los típicos automóviles de una marca no muy buena de color blanco y amarillo con letras negras, comunes en casi todos los aeropuertos de mi país, si no que, por el contrario, me encontré cara a cara con dos vehículos Mercedes-Benz, los cuales, para mí, representaban automóviles de lujo y dignos de personas muy adineradas, pues en México, no cualquiera tiene un automóvil como esos, y mucho menos, se usan como “taxis”; a eso, debemos sumarle el choque lingüístico al que me sometí, porque cuando llegué a Bélgica yo no conocía ninguna otra palabra o frase en francés que no fuera “Bonjour, je m’appelle Mariana”.

Ese mismo día, conocí a la que sería “mi familia anfitriona” por una año, un bello grupo formado por la madre, el padre y 4 maravillosas hijas. A pesar de que el primer encuentro fue muy extraño y a la vez emocionante, nunca me imaginé que llegaría a amar verdaderamente a esos 6 seres que a partir de ese momento comenzaban a formar parte de mi vida.

Además de eso, el día aun no había terminado, aún faltaba otra pequeña prueba, instalarme en lo que sería mi nueva casa. Durante el trayecto del aeropuerto hacia ella, mi mente solo pensaba y reflexionaba sobre los hechos ocurridos, y no podía hacer otra cosa que decirme a mi misma que
esta experiencia “era como comenzar de nuevo…”, tenía una familia nueva, con una casa totalmente desconocida y a la cual, a partir de ese momento debería llamarla mi hogar, pronto iría a una escuela, seguramente muy diferente a la mía, donde conocería a personas nuevas, y entonces fue cuando visualicé que esta experiencia era un nuevo comienzo, donde todo era nuevo para mi y que con el tiempo y mi esfuerzo, llegaría a ser parte de mi realidad y de mi historia; fue en ese momento cuando me di cuenta de que yo estaba representando el papel de un bebé o un niño de corta edad, el cual comienza a conocer el mundo y se asombra de todo lo que ve.

Poco a poco fui adaptándome a mi nueva vida, comencé a conocer mejor a mi familia y mi casa, e inclusive, comencé a adaptarme al clima de Bélgica, que en un principio parecía siempre gris y triste, pero que poco a poco, comenzó a formar parte de mi vida diaria.

Y de pronto, se inició la escuela, la verdad es que los primeros días estaba aterrada, sobre todo por que no hablaba el idioma, me había perdido ya dentro de la escuela, metiéndome a clases que no eran las mías y además porque parecía que en la escuela nadie quería intentar hablar conmigo; sin embargo, a los pocos días de haber iniciado el curso escolar decidí rotundamente que no regresaría a casa esa noche sin haber hablado con alguien de mi clase, y así fue como llegué y mi acerqué a un grupo de niñas que poco a poco me ayudaron a integrarme a la escuela y a mi clase.

A decir verdad, todos los profesores fueron desde un principio muy amables conmigo, al igual que mis compañeros, con los que después de un mes de duros esfuerzos por llevarme bien con ellos y de tratar de avanzar con el francés, terminaron por aceptarme y hacerme sentir como si fuera una de ellos, una de sus amigas.

Poco a poco comencé a conocer la ciudad, a poder ir de un lado a otro sin necesidad de consultar mi mapa cada 2 min. para saber si había cogido la calle correcta. Poco a poco, esa ciudad que se abría ante mis ojos, empezó a ser un paisaje rutinario, un paisaje que con cada día que pasaba me asombraba con algo nuevo, un edificio del que aún no me había dado cuenta, una pequeña tienda, un restaurante, un parque, una plaza… Y así, las personas fueron poblando esos paisajes, comencé a reconocer al conductor del autobús que todos los días me conducía a casa, a la señora que cada mañana abordaba el autobús dos paradas cerca de la mía, a mis vecinos, a los amigos de mi familia, a mis compañeros de escuela… Así, cada una de esas personas, comenzó a ser parte de esta historia, de mi historia.

Y de pronto, un día, me di cuenta de que por fin, comenzaba a comprender y a hablar el francés, que a pesar de que el cielo seguía siendo gris y me parecía triste, en sí, mi cielo parecía estar adornado con el más grande y maravilloso sol, tenía una maravillosa familia que siempre estaba dispuesta a ayudarme y a darme su cariño, un grupo de amigos que siempre tenían algo nuevo que enseñarme, una cosa nueva con la cual hacerme reír y sentirme como en casa, una escuela hermosa, un grupo de profesores siempre pendientes de mi, y motivándome para seguir avanzando, un país que con cada día que pasaba se convertía en MI país, una cultura que poco a poco comenzó a alojarse dentro de mi y a formar parte de mi identidad, de mi personalidad, de mi ser. Y fue así como un día desperté y me di cuenta de que no solo quería a mi nueva vida, a mi nueva familia, a mi nueva escuela y mi nuevo demás, no, era un sentimiento mayor a eso, estaba totalmente enamorada de mi experiencia, y yo quería quedarme ahí o llevármela conmigo de regreso a México.

De pronto, los días, las semanas y los meses comenzaron a volar, llegó noviembre con la caída de las hojas de los árboles y un espectáculo nuevo y maravilloso para mi, el cual solo había tenido la posibilidad de observar a través de fotos y películas, jamás en vivo y en directo. Después llego diciembre, enero y febrero, la nieve, el frió (un verdadero frío para mi, con temperaturas a las que yo nunca había estado), la navidad, el año nuevo, y con eso, un poco de nostalgia y tristeza por todo aquello que había dejado en México y que en ese momento me hacia falta, sin embargo, todo el mundo en Bélgica se las ingenió y me reanimó al punto de haber vivido el mejor invierno de mi vida, con experiencias totalmente nuevas para mi, llenas de alegría, amor, comprensión, amistad, afecto, cariño… Y así, de pronto, llegó una primavera algo enferma, por que yo, esperando ver el 21 de marzo un sol radiante, recibí la primavera con un cielo gris y unas nubes a punto de dejar caer los copos de nieve. Sin embargo, tarde o temprano llegó el sol y el calor, y con eso, el momento de decir adiós a todo aquello de lo que yo ya no me quería separar, pues había formado lazos verdaderamente enormes con todos y todo aquello que me rodeaba.

Finalmente llegó julio, y el adiós fu inevitable, no sin antes derramar unas lágrimas por la despedida, siempre con la promesa de volver a verse y de mantenerse en contacto… Todo en ese momento fue muy rápido, pareciera que fue un relámpago de hechos, por que en ese entonces no me di cuenta de que estaba separándome de las personas a las que yo considero como mi familia, que le había dicho adiós a los amigos, a unos amigos a los que siempre querría y adoraría, que me estaba despidiendo de una magnífico país que me abrió sus puertas, me acogió y me mostró gustosamente su cultura y su esencia, no visualicé que no simplemente se había acabado mi año de intercambio, sino algo mucho mas grande, es decir, que una parte de mí se estaba muriendo al decir adiós.

Sin embargo, no fue hasta que regresé a México, y abrí los ojos después de la primera noche en mi casa, en mi cama, que me di cuenta de lo mucho que sentía haber regresado, era un sentimiento momentáneo, pero ahí estaba, mi mas grande anhelo de regresar a Bélgica, con mi familia y mis amigos, por que sentía que había cambiado tanto durante ese año, que mi vida en México ya era un episodio cerrado, y que el episodio que debía seguir era aquel que había dejado hacía tan solo unas horas en el aeropuerto de Bélgica, y en ese momento no pude pensar mas que en mí, pero de pronto, conforme las horas fueron pasando y comencé a readaptarme a mi antigua vida, me di cuenta de que mi experiencia había sido solo eso, una magnífica y maravillosa experiencia, pero que como todas las cosas en la vida, había tocado a su fin, y que no por eso, mi familia y mis amigos belgas iban a olvidarme, por que mis seres queridos mexicanos no lo hicieron, además, me di cuenta de que a pesar de la distancia, el cariño y la amistad iban a continuar ahí. Y fue así como obtuve paz y tranquilidad, pensando que de todos modos, siempre quedaba la posibilidad de volver a verse.

Concluyo así, que fue una experiencia inolvidable, llena de maravillosos y no tan agradables momentos, pero que a pesar de todo, me ofrecieron el más hermoso de mis años, haciéndome crecer como persona, enseñándome que todo depende de mi actitud y del empeño que le ponga para lograr un objetivo, que soy capaz de hacer eso y mucho más, pero que solo depende de mi y de mi actitud hacia la vida. Además, ese año me enseñó que ahora formo parte de dos países, que, aunque no son exactamente iguales, ocupan un lugar muy importante dentro de mi, de mi formación y mi ser, pero sobre todo, aprendí que no se necesita un papel que diga que perteneces a una familia o a un país, para sentirte parte de él, por que el hecho de experimentar su cariño y dar a notar que tú también formas parte de ellos, es más que suficiente. Y es por eso, que orgullosamente puedo decir hoy, que soy más que una chica mexicana de 19 años que se fue de intercambio. Soy una mexicana, de color “café con leche” (como solían decirme mis compañeros), que se siente belga en cada uno de los aspectos de su vida, y que por nada del mundo, dejaría de amar al país que la vio nacer, y al país que le brindó la oportunidad de comenzar una nueva vida para mejorar la que ya tenía.

Mariana PACHECO VARGAS, México