Lecturas graduadas para estudiantes de E/LE

Puente 129(2007)

Allá por 1988, la Editorial Difusión, de Barcelona, me pidió que comenzara a escribir para ellos una serie de textos de carácter didáctico, dedicados a estudiantes de lengua española como segunda lengua, que deberían narrar una historia de ficción con un tema de interés general, preferentemente con cierto suspense, en un máximo de unas 40 páginas (ilustraciones, notas y ejercicios aparte) introduciendo al mismo tiempo una cantidad importante de información actualizada sobre la geografía de la región o país donde se desarrollara la historia, características históricas y culturales de la misma, clima, hábitos de vida, aspectos lingüísticos del español hablado en ella, giros y modismos, algo de música, gastronomía, costumbres de los jóvenes, etc, etc.
La idea me pareció muy atractiva y, sobre todo, se adaptaba como un guante a la doble vertiente que siempre ha definido mi vida profesional: la didáctica del ELE y la creación literaria. Me lancé a fondo a la búsqueda de mi primer personaje y de mi primer escenario geográfico, y así nació Cari, la recepcionista del Hotel Veramar, que situé en un pueblecito de la costa almeriense, Mojácar, que me había seducido durante unas vacaciones recientes, cerca de mi ciudad natal, Cartagena, ciudad que adjudiqué también a Cari como patria chica, ya que de esta manera me sería fácil describir la región, y algo de las costumbres de sus habitantes.
Sin embargo, poco a poco me di cuenta de que la tarea no iba a ser tan fácil, porque si bien las ideas no me faltaban, y los personajes empezaban a perfilarse con fuerza en la pantalla del ordenador, el hecho de tener que soslayar una serie de “tabúes” gramaticales, léxicos y sobre todo sintácticos, frenaba mi entusiasmo creativo a cada momento, como si mi pie tuviera que estar constantemente levantándose del acelerador para apoyarse en el freno. Efectivamente, la colección prevista constaba de 5 niveles, correspondientes a los de los grupos de estudiantes/lectores, y la elaboración de los más elementales era precisamente la que más dificultades presentaba.
Decidí pues comenzar por un nivel 4 (Ladrón de guante negro) para no complicarme la vida desde el principio. Esto hizo que Cari pudiera permitirse bastantes escarceos amorosos no sólo con su novio “de toda la vida”, sino también con el flamante cocinero vasco del hotel Veramar, que a su vez me dio la posibilidad de describir diferencias culturales entre el norte y el sur de España. El personaje del cocinero dio pie a bastantes disgresiones sobre gastronomía y recetas de cocina de varias regiones y el personaje del novio “de toda la vida”, que estaba haciendo la “mili”, me permitió hablar de esta penosa obligación de todos los jóvenes españoles, que iba a desaparecer en 2001, como se precisó en ediciones ulteriores.
El hecho de que Mojácar estuviera en una zona turística me permitió hablar con frecuencia de algo que me parece esencial en cualquier clase de español para extranjeros, el choque cultural, o las diferentes maneras de reaccionar en situaciones idénticas, actitudes diferentes en la vida cotidiana, evitando por supuesto entrar en el mundo de los tópicos o clichés, ese gran peligro que nos acecha a todos. Como lingüista enamorada de mi idioma, no tuve el menor problema para poner en boca de los protagonistas numerosas expresiones, refranes y modismos, explicándolos naturalmente en las páginas dedicadas a notas, y como entusiasta profesora de ELE no encontré la menor dificultad en concebir una serie de ejercicios que pudieran ayudar al profesor-receptor del trabajo a evaluar los progresos efectuados por el alumno en cuanto a comprensión del texto, adquisición del vocabulario, asimilación de contenidos culturales, etc.
Pero todos sabemos que la vida no es un camino de rosas, y después de haber conseguido que Cari siguiera avanzando en sus éxitos profesionales y en su vida amorosa, a través de un confortable nivel 5 (Doce rosas para Rosa), y que narrara el frenesí de sus aventuras on de road y la ternura del reencuentro con su madre y su hermana pequeña, en un merecido happy end, tuve que enfrentarme a la dura realidad y “bajar a los infiernos”, o sea, a los niveles 1 y 2, que iban a hacer las delicias de los estudiantes principiantes y que significaban para mí la muerte inmediata de todo lo que me encantaba enseñar: las perífrasis verbales más complejas, los usos más sofisticados e ilógicos de ser y estar, las condicionales hipotéticas irreales, los tan nuestros pluscuamperfectos del subjuntivo y muchos etcéteras. El mensaje del editor fue claro: “Poca narración y mucho diálogo. Y en cuanto a tiempos verbales… el presente de indicativo, y sanseacabó.”
¿Cómo se puede contar una historia coherente utilizando sólo el presente de indicativo, sin hacer jamás mención, con la ayuda del pretérito perfecto, a lo que acaba de ocurrir? ¿Cómo hacer una descripción, o hablar de hechos habituales en el pasado sin utilizar el imperfecto, cómo evitar todo verbo que exija una subordinada en subjuntivo? ¿Y qué decir de los imperativos, que le dan tanto dinamismo a la acción?… Viéndome tan desesperada, Cari decidió ayudarme, invitando a participar en la historia a personajes que le gustaban como amigos y que iban a conversar con ella (“mucho diálogo”, dijo mi editor) la mulatita cubana y el doctor Guillermo Juantegui de Más se perdió en Cuba (nivel 2), Don José, el enigmático director del Veramar y Ramón, profesor de ELE, cliente del hotel, que la invita a la fiesta de Moros y Cristianos (nivel 2) en Villajoyosa, donde la aloja en casa de su numerosa familia. Entre todos, explican la evolución de la fiesta a Cari, evitando así la tan temida narración, que conllevaría una serie de indeseables situaciones gramaticales. No obstante, me fue absolutamente imposible evitar, algún que otro pretérito perfecto, un imperativo, y hasta un totalmente desaconsejado futuro, sin el cual no hubiera podido terminar la historia de Pero se casan con las morenas, en el que las descripciones y las connotaciones líricas se redujeron al máximo, sin impedir por ello que Eneko siguiera dándonos alguna receta de cocina, o que conociéramos el físico de las top models protagonistas, los modelos que exhibían en las pasarelas, y las triquiñuelas de un malvado jeque del desierto para raptar a una de ellas. Al tener que suprimir muchos elementos coloquiales y culturales, introduje nuevos ejercicios: “Verdad o Mentira”, “Multiple choice”, combinaciones de columnas, uso de preposiciones e inclusión de un “intruso” en listas de elementos pertenecientes a la misma categoría.
Me despedí de Cari con cierta pena, pero satisfecha, porque sabía que quedaba en buenas manos, las manos de tantos compañeros anónimos que iban a ocuparse de ella, de sus amores y aventuras, con sus estudiantes, en sus clases.
Y sobre todo, porque el editor me proponía ahora una nueva serie sobre diferentes países de América Latina. Había soñado yo tantas veces delante del mapa de ese continente, tenía tantos amigos que me habían hechizado con sus acentos rioplatenses, caribeños, andinos, que la nueva aventura se mostró gratificante y decidí comenzar por los países que ya había visitado: México, Cuba, Chile, Bolivia… que completaría más tarde con viajes que deseaba hacer desde tantos años atrás. ¡Desgraciadamente, los editores no suelen pagar viajes de repérage a los autores de la casa!. Il faut se débrouiller! y, gracias a Dios, Internet está también para eso. Otro aliciente fue que para esta serie, la ilustradora fue mi hermana Paloma, que hizo una interpretación a la vez poética y realista de mis personajes. Fue una colaboración muy bonita y gratificante, que continúa.
A lo largo de toda la novelita mexicana (Un taxi a Coyoacán, nivel 3) me guió mi admiración por Frida Kahlo, que hice heredar a David, un estudiante español enamorado de la famosa pintora, y a través de cuyos ojos pensé que los estudiantes podrían descubrir el mundo de Frida y Diego Rivera, México D.F., sus bellezas y sus problemas, la excelente cocina mexicana, la música de los mariachis la letra de los corridos y rancheras que todos los españoles conocemos de memoria, los ritos del Día de Difuntos, la emigración clandestina y masiva a Estados Unidos… Naturalmente, la gran dificultad iba a ser hacer hablar a los personajes mexicanos como hablan los mexicanos, sin mezclar la variedad de su español (terminología, giros y sintaxis) con otras variedades que oímos con frecuencia, pero que se emplean en otras latitudes de Latinoamérica. No iba a ser tan fácil desde mi posición de hablante peninsular.
Siguió un nivel 2 con Guantanameras, seguramente la que más reediciones ha tenido y la que más satisfacciones me ha dado, seguramente por ser Cuba un país tan particular y tan diferente en su funcionamiento político y también con el que tengo una relación muy fuerte. Las dos hermanas gemelas protagonistas, una, gusana de Miami, y otra, guerrillera en La Habana me ayudaron a mostrar esta dicotomía del pueblo cubano, los de dentro y los de fuera, los que quieren marcharse y los que desean volver, las familias alejadas, la revolución eternizada… Y como se me ocurrió dejar el final abierto, es decir, pedirle a los estudiantes que inventaran ellos el final adecuado, me procuró numerosos contactos con profesores lejanos y desconocidos que me enviaban las ideas de sus alumnos, fotografías, preguntas y comentarios. Algunos de estos profesores se han convertido en buenos amigos míos gracias a las dos hermanitas cubanas.
Otras veces recurrí a episodios mucho más cercanos, por ejemplo la lectura dedicada a Chile (Mirta y el viejo señor, nivel 3) se inspiró en una estudiante chilena que cuidó a mi padre en Madrid, durante los últimos años de su vida. Una vez más, las dificultades de la emigración, la nostalgia, la otredad, la ayuda que aportan a nuestros mayores y niños tantos latinoamericanos inmigrantes. Más conchas que un galápago (nivel 3), se sitúa en las islas Galápagos y fue inspirada en su arranque por la aventura de una de mis hijas, seleccionada como bióloga para trabajar de guía turístico-científica en el archipiélago, y la imaginación fue añadiendo otros ingredientes a la historia.
Argentina ha sido siempre uno de mis países míticos, al que espero acabar yendo algún día, pero fue el Carlos Gardel que mi madre adoraba y cuyos tangos cantaba en las noches de verano de mi infancia, cuando aún no había televisión, quien, como Frida Kahlo sirvió de hilo conductor a la historia de una psiquiatra (¿cómo evitar el tópico?) rioplatense y a una historia de amor y desamor (La vida es un tango, nivel 3). Perú y Bolivia, los grandes países andinos, llegaron más adelante (Pisco significa pájaro y Con Frida en el Altiplano, ambos de nivel 2), un niñito de la calle en un barrio de Lima y la bicicleta de un estudiante holandés de viaje en Bolivia son los protagonistas, y en sus vidas en entremezclan historias de injusticia social, de feminismo, de viajes, de choque cultural y, una vez más, de amor y de amistad.
Y es verdad que un autor acaba encariñándose con sus personajes, incluso con los “malos” de la película. Se convierten en una especie de hijos, que a veces te dan muchas satisfacciones. Por ejemplo, charlas e intercambios con jóvenes estudiantes que quieren saber “si prefiere Usted a los Moros o a los Cristianos” o “si todas las historias que cuenta las ha vivido”… Es una manera muy bonita de comunicar con alumnos desconocidos, contentos de poder leer “todo un libro” en español.
Pero la historia no ha terminado. El editor me propone ahora… ¡Costa Rica!
Espero que no se lo digáis a nadie, pero debo confesaros que nunca estuve en este país, y que prácticamente no sé nada, nadita, de él. Pero no, ¿qué estoy diciendo? Lo único que sé de él es tan importante que estoy deseando enfrentarme ya a la página en blanco… perdón, a la pantalla en blanco: Costa Rica es un increíble país, que decidió, en 1949, abolir el Ejército y dedicar su presupuesto a la Sanidad pública y a la Educación. ¿Cómo no ponerse inmediatamente a escribir, en la época actual, con la que está cayendo, sobre una realidad tan aparentemente utópica, pero que puede existir, que existe?
¡Aunque sea, como me ha hecho jurar, para un nivel UNO!

Dolores SOLER-ESPIAUBA
Bruselas, Febrero 2007