El método: dos miradas contrastadas

Puente 128(2007)

El Método es una película de Marcelo Piñeyro. Para el resumen y para más información, vean el Puente de diciembre de 2006.

Una película con buenísimos actores, gran dimensión estética y mucho sentido del humor para un tema, sin embargo, muy serio.

En realidad se trata de un método de selección de personal, basado en la dinámica de grupos, en mi opinión totalmente injusto. Los participantes se van eliminando sucesivamente unos a otros, con lo que se confirma la preselección operada ya desde el inicio. Se ponen de manifiesto algunas particularidades del sistema empresarial y laboral, por ejemplo la absoluta supremacía del interés de la empresa, la capacidad de sometimiento a la autoridad… Las discriminaciones –de género, por no ser joven – son determinantes a la hora de elegir. Las numerosas trampas en las que muchos caen benefician a los más fuertes en un mundo en donde no hay sitio para los sentimientos ni para el amor.
Cuando se acaba la jornada de los candidatos, afuera como adentro no queda nada más que la desolación: coches quemados por manifestantes, pasquines por el suelo, desperdicios que contrastan con la nitidez y la soledad de unos despachos vacíos. ¿Prefiguración de nuestro mundo futuro deshumanizado? Ojalá pudiéramos reaccionar cuando todavía estamos a tiempo…

Martine MELEBECK

La película de Marcelo Piñeyro tiene el mérito de ser clara y radical, igual que el método Grönholm que ésta ilustra. Si desea usted desempeñar un puesto importante en la jerarquía de una empresa multinacional, no le queda más remedio :

tendrá que abdicar de todo sentimentalismo, renunciar a la idea de que edad y experiencia forman una ecuación irrefutable, rechazar toda iniciativa que pueda perjudicar el soberano interés de la empresa que le emplea, mantener el “self control” en toda circunstancia sin ceder jamás a la debilidad ni a los impulsos, limitar las pulsiones sexuales a lo estrictamente necesario satisfaciéndolas en el tiempo de visita al servicio ; concentrarse al máximo en su tarea, evitando todas las trampas que pudieran tenderle sus superiores o sus colegas…

¿Un ejecutivo robot? No necesariamente. Más bien, un “ejecutivo-hormigón”, sólido intelectual y moralmente, capaz de resistir la presión diaria de un medio con grandes responsabilidades. ¿No hay nada humano en este comportamiento? Nada improvisado, en todo caso. Consciente de la importancia de su función, este ejecutivo “ideal” trabajará, no lo olvidemos, y a pesar de todo, para una empresa muy grande, para unos expertos accionistas, para obreros, empleados, personal de mantenimiento, sindicatos, familias, el Estado, la Región, la Ciudad, los comerciantes de los alrededores, los subcontratistas, etc… ¿Se podría contratar a cualquiera para enfrentarse a tal reto? Sigamos entonces el Método Grönholm, concebido para dar con el “rara avis”, el candidato perfecto : joven, brillante, astuto, resistente, intratable e insensible.

Al cual siempre le quedarán, para relajarse y recobrar algo de humanidad, algunas estancias de vacaciones. En un Club Med…

Michel DUCOBU
traducido por M. Melebeck