Presencias en la XVIII Semana Negra – Gijón, julio de 2005

Puente 122(2005)

1. Presencia de la narrativa de ciencia ficción y de fantasía

Tanto en su nueva Carpa del Encuentro como en el nuevo espacio/salón ¡A quemarropa!, la
XVIII Semana Negra de Gijón ha dedicado gran parte del tiempo cotidiano de reflexión a la literatura de ciencia ficción y de fantasía, que tiene cada vez más importancia en España. Aunque la promoción del género sigue haciéndose bajo la etiqueta de “thriller” porque la literatura “marciana” no se vende, comercialmente las editoriales han ganado mucho con el éxito fenomenal de “La sombra del viento” de Ruiz Zafón, que ha vendido millones de ejemplares. Todas las editoriales esperan otro manuscrito de este tipo…

Autores cuyos nombres aparecen ahora con más frecuencia en las revistas de crítica literaria “blanca” presenciaban las tertulias gijonesas: Elia Barceló, Rodolfo Martínez, Juan Miguel Aguilera, Victor Conde o Javier Negrete contestaban las preguntas de Paco Ignacio Taibo II que desempeñaba el papel de moderador. Muchos relatos de CF “clásica” han permitido dar a conocer a dichos autores. ¿A qué se están dedicando ahora? Algunos, como Rodolfo Martínez, quieren escribir “cosas raras y extrañas”. A otros les apetece orientarse hacia una mezcla de novela histórica y de CF: meter la fantasía en la historia como forma de mirar la realidad contemporánea (Juan Miguel Aguilera), hablar de la fantasía histórica medieval, mezclar la CF y la novela negrísima, tratar de la mitología como si fuera una verdadera “familia a lo Falcon Crest” y observar el mundo desde tal punto de vista (Javier Negrete) Elia Barceló quiere escribir historias de fantasmas y de terror para tratar de una manera nueva los arquetipos del terror y así utilizar el mundo “vulgar” para crear las condiciones de la fantasía.
Mezclar los géneros o acercarse al límite del género, ¿no entraña esto el riesgo de desanimar al lector? Aparentemente no. Si, de hecho, existen lectores que atacan a sus autores favoritos cuando ellos se alejan de la norma, el editor Alejo Cuervo piensa que también de este modo se ganan lectores y recuerda que las obras que marcan realmente un hito en la literatura son aquellas que rompen con las convenciones. Todos consideran que hoy en día los lectores acompañan al autor aun si cambia de tema, ya que son, cada vez más, seguidores de un autor. Juan Miguel Aguilera escribe actualmente una novela “space ópera” y es consciente de que se dirigirá a un público específico, aquel al que le gustan las batallas espaciales. Tal público puede disfrutar de una batalla medieval; al revés, no.
A Elia Barceló le gusta que la novela sea cambiante, con un núcleo de CF y el deseo de escribir de otra manera, de jugar con todas las influencias.
Rodolfo Martínez, por su parte, se siente fuera del problema de perder lectores al transgredir los límites del género, pues en sus novelas siempre lo ha hecho, y sus seguidores ya están acostumbrados a tal mestizaje. Piensa que no hay que dejarse llevar por lo que quiera el lector. Debemos saber para quién estamos escribiendo: el primer círculo (autores, editores, críticos, etc) o el segundo círculo (los lectores fieles) Si una novela no es “canónica”, lo llegará a ser siempre que el segundo círculo la acepte. Si la novela está consagrada por el público, es canónica.

Según los autores presentes, la lista de las tres mejores novelas de CF más recientes son:

Sherlock Holmes y las huellas del poeta, Rodolfo Martínez (2005, Bibliopolis Fantástica, Madrid)
El vuelo del Hipogrifo, Elia Barceló (2002, Lengua de trapo,Toledo)
En Mares extraños, Daniel Mares (2005, Grupo Ajec)

Paco Ignacio Taibo II aconseja la lectura de Los sicarios del cielo de Rodolfo Martínez, gran compañero de la SN que ha introducido en ella la CF. PIT II se siente orgulloso de que la novela de un colaborador haya ganado el famoso Premio Minotaurio de ciencia ficción y que ya se esté difundiendo por toda América latina. PIT II piensa que la novela es muy interesante porque es imprevisible, y es lo que le pide a la literatura. La novela se parece a una muñeca rusa y no se puede contar “la muñeca pequeña” sin estropear la historia. Los sicarios del cielo es una novela “histórica policíaca fantástica” que abre un debate filosófico sobre el bien, el mal y el fundamentalismo, y obliga a unos momentos de reflexión seria sobre el estado del mundo. Rodolfo Martínez ha decidido ubicar el tema en Gijón porque los personajes eran familiares y necesitaba un lugar conocido para crear un entorno negro, una visión oscura de la ciudad.

2. Presencia de la narrativa histórica

Otra tertulia planteaba el tema “límites y fronteras de la narrativa histórica en español”. Toda la literatura en general encuentra sus orígenes en la literatura histórica, porque el hombre empieza narrando historias sobre sí mismo. Según Alfonso Mateo Sagasta, estamos asistiendo actualmente a un boom de la literatura histórica. Autores como Julio Murillo Llerda están a favor de un rigor total en cuanto a detalles históricos y no soportan los errores que cometen los escritores pocos “historiadores”. Otros como Enrique Serna piensan que si alguien escribe sobre una época debe conocerla muy bien, pero que también se deben utilizar los recursos de la novela contemporánea y, por ejemplo, utilizar un lenguaje asequible al lector de hoy. Leonardo Padura añade que en en su novela Historia de mi vida tuvo que reconstruir un lenguaje verosímil porque sabía que para sus contemporáneos era imposible entender otra manera de hablar. También decidió sacar el episodio de la historia cubana e intentar verlo y explicarlo desde el punto de vista contemporáneo, explicar La Habana de hoy a través de La Habana de los años 20. Piensa que uno debe tener la seriedad de hacer las investigaciones más rigurosas y luego escribir la novela. Padura tenía siempre en la mente una frase lema: “Esta historia pudo no haber ocurrido de esta manera, pero según mis investigaciones hubiera debido ocurrir de esta manera”. Eso desemboca a veces en un problema: los historiadores y académicos de Cuba odian la novela de Padura por su falta de respeto.
En cuanto a Juan Miguel Aguilera, nos cuenta viajes medievales que enfrentan a los protagonistas con un mundo nuevo. Enrique Serna concluye diciendo que investigar y luego escribir son dos cosas apasionantes, pero crear a los personajes, dejar que vivan y llenar así los huecos que los historiadores dejaron vacíos, es el verdadero objetivo de un autor de novela histórica.

3. Presencia de autores latinoamericanos

Como todos los años, también se notaba la presencia de muchos autores latinoamericanos de novela negra y policíaca, que dedicaron dos tertulias al tema ¿por qué tenemos que reunirnos en Europa?
Si Eduardo Monteverde (México) reconoce claramente que se reúnen en Gijón porque PIT II les invita generosamente y, si Lorenzo Lunar (Cuba) considera que en Gijón se encuentran las condiciones para romper el aislamiento, Goran Tocilovac (Perú) hace hincapié en el desastre editorial latinoamericano y piensa que, si los autores están en Gijón y no en Lima, por ejemplo, es por culpa de una política editorial lamentable que no ha logrado alcanzar al público. Es lamentable, dice, pero así son las cosas en América Latina. Justo Vasco (Cuba) apunta que el héroe de una novela negra es generalmente un oficial de policía y eso no se puede imaginar allá, donde el policía es, antes que nada, un delincuente. En América Latina se puede hacer una novela tipo Agatha Christie y poco más. Leonardo Padura (Cuba) confirma esa idea y añade que muchas veces los policías no pueden superar la contradicción de ser honestos y torturar presos en nombre del interés superior. Él tuvo que crear un policía decente, condición imprescindible para poder escribir desde Cuba. Su personaje, Mario Conde, debe ser un ojo incorruptible si, como poli o como ser humano, ha de ser capaz de describir la realidad cubana, encarnando un punto de partida para una reflexión sobre la realidad. Fritz Glockner (México) considera que las preocupaciones sociales se reflejan en las novelas policíacas latinoamericanas porque la mayoría de los autores son, antes que nada, periodistas, y la experiencia de cada uno genera la posibilidad de acercarse a la literatura a través de la realidad. Rolo Diez (Argentina) confirma que la diferencia entre la literatura negra latinoamericana y la europea es el ojo crítico del escritor latinoamericano. La literatura latinoamericana está ligada a una denuncia de las fuerzas policíacas o políticas, casi siempre corruptas, lo que engendra una novela más politizada. En Francia, por ejemplo, la literatura suele ser de crimen individual. PIT II indica también que en la buena novela policíaca latinoamericana hay una cuota de experimentación formal mucho más elevada que en Europa (planes múltiples, historias “muñecas rusas”, etc). Las historias se sitúan más cerca del surrealismo en término de anécdota, de sentido del humor, de la cuota de riesgo en la escritura, etc.
PIT II pregunta entonces si existe una identidad nacional del escritor latinoamericano. Lorenzo Lunar cree que sí, dado un elemento común trascendental: todos los autores latinoamericanos comparten datos culturales comunes que afectan a todos ellos (las películas, las músicas, ciertas novelas clásicas, etc) Justo Vasco añade la idea de que el territorio común a todos es el lenguaje y la tradición literaria. Raúl Argemí (Guatemala) piensa por su parte que el territorio común es el fútbol, razón por la cual ¡América latina debe incluir Brasil! Goran Tocilovac recuerda que el año pasado los escritores eligieron al brasileño Rubén Fonseca mejor escritor de novela policíaca, lo que a Leonardo Padura le parece raro – y significativo – ya que Rubén vende sus novelas sólo en Brasil y es poco conocido en Europa.
Rolo Diez concluye diciendo que los autores latinoamericanos son gente de costumbres. A pesar de ser un escritor argentino afincado en México, no podría escribir una novela peruana a menos que viviera una temporada en Perú, pero la idea que une a los escritores latinoamericanos es que sus historias son muy similares, son como vasos comunicantes.De esta manera, se consideran ciudadanos del mundo.
Aparece, a continuación, uno de los últimos títulos de los autores citados arriba:

Aguilera, Juan Miguel; Mundos en la eternidad, Equipo Sirius
Argemí, Raúl; Los muertos siempre pierden los zapatos, Ed. Algaida
Barceló, Elia; El secreto del orfebre, Lengua de trapo
Conde, Victor; El tercer nombre del emperador, Equipo Sirius
Diez, Rolo; La carabina de Zapata, Anaya, México
Glockner, Fritz; Veinte de cobre, Ediciones B, México
Lunar Cardedo, Lorenzo; Polvo al viento, Plaza Mayor, Puerto Rico
Martínez, Rodolfo; Los sicarios de Dios, Minotauro
Monteverde, Eduardo; Lo peor del horror, Ediciones B, México
Murga, Rebeca; La ley de Dios, Ediciones cubanas
Murillo Llerda, Julio; Las Lágrimas de Karseb, Martínez Roca
Negrete, Javier; La espada de fuego, Minotauro
Padura, Leonardo; La novela de mi vida, Tusquets
Padura, Leonardo; La neblina del ayer, Tusquets
Sagasta, Alfonso Mateo; El olor de las especies, Ediciones B
Serna, Enrique; Ángeles del abismo, Joaquín Mortiz, México
Tocilovac, Goran; Trilogía parisina, Peisa, Perú

Personalmente os aconsejo la última novela de Leonardo Padura, La neblina del ayer, Tusquets, Colección Andanzas, Barcelona, 2005.
Tras haber trabajado varios meses en una adaptación cinematográfica del personaje de Mario Conde, Padura sintió la necesidad de volver a la escritura novelesca y decidió volver también a Mario Conde. Ahora (verano del 2003) tiene 48 años, ha dejado ya desde hace más de diez años su trabajo de investigador criminal en la policía lo que había coincidido con el anuncio oficial de la llegada de la Crisis a la Isla, aquella crisis galopante que pronto haría palidecer a todas las anteriores, las de siempre, las eternas, entre las cuales se habían paseado por décadas (pág 16). Se dedica “en cuerpo y alma” al veleidoso negocio de la compra y venta de libros viejos porque la escasez permanente de todo lo imaginable ha alcanzado el venerable mundo de los libros y centenares de bibliotecas dejaron de ser fuente de ilustración, orgullo bibliófilo y acopio de recuerdos de tiempos posiblemente felices, y trocaron su olor a sabiduría por la fetidez ácida y vulgar de unos billetes salvadores (pág.17).
Por aquella tarde tórrida de septiembre, cuando Conde entra en la casona de El Vedado, no puede imaginar que va a encontrar una de las más fabulosas bibliotecas privadas de la Isla, intocada desde hace 43 años que, seguro, podría traerle una fortuna inesperada. Los hermanos Ferrero que vigilan la biblioteca, propiedad de la familia Montes de Oca, dejan que El Conde revise los libros y aceptan sus condiciones. Pero Conde es un hombre decente, bien lo sabemos, y les propone llevarse sólo unos ejemplares y volver al día siguiente con su socio, Yoyi el Palomo, para evaluar de forma correcta el valor del conjunto encerrado en las anaqueles de madera protegidas por puertas acristaladas. Entre otras cosas Conde se lleva un ejemplar intacto, sólido, rozagante y bien alimentado de ¿Gusta usted?, apellidado “Prontuario culinario y … necesario”, impreso por Ucar y García en 1956, e ilustrado por el gran caricaturista Conrado Massaguer (pág.38). En casa, Mario Conde goza del placer de hojear las maravillas que ha descubierto y entre las páginas 561 y 562 de ¿Gusta usted? encuentra una hoja de papel de periódico fechada de mayo de 1960 conteniendo un artículo dedicado a “el adiós de Violeta del Río” e ilustrado por una foto de la cantante en vestido de lamé ajustado. La belleza de la mujer es deslumbrante y, de repente, la famosa “premonición” del Conde se despierta: ¿habrá una relación entre la familia Montes del Oca, Violeta del Río, la biblioteca y los hermanos Ferrero? A partir de ese momento, Conde no puede dejar de investigar, buscar las huellas de Violeta, encontrar a sus antiguos amigos, como Flor de Loto la bailarina… Descubre un ejemplar del único disco grabado por Violeta con el famoso bolero “Vete de mí” y consigue entender el poder de seducción de la dama de la Noche que murió – aparentemente se suicidó – en 1960 unas semanas antes de marcharse a Estados Unidos con su amante… Alcides Montes de Oca. Pero, de forma rara, el policía encargado del caso nunca lo ha cerrado. Así que Mario Conde vuelve a investigar sobre un hecho que data de hace 43 años. Paradójicamente, su encuesta sobre una muerte en 1960 en el mundo de los cabarets habaneros, de la prostitución de lujo, la droga y la mafia, le lleva a bajar al inframundo habanero actual donde reinan la miseria absoluta, las drogas duras, el sexo sucio, la degradación total de los seres y del entorno y la violencia como desahogo de frustraciones crónicas (pág.207). Ahora Conde tiene la nerviosa certeza de hallarse extraviado, sin la menor idea de qué rumbo debía tomar para salir del laberinto en que se había convertido su ciudad (pág. 205). Y también entiende que, con sus amigos de siempre, El Flaco, El Conejo, Tamara y Josefina, no son más que fanstasmas del pasado, ejemplares en galopante peligro de extinción (pág. 205).
Evidentemente, Conde logrará resolver el caso Violeta del Río, encontrará las explicaciones que buscaba pero, más que nada, comprenderá que todo lo vivido en esos días era una advertencia macabra de su incapacidad para remendar la vida de otras personas y, sobre todo, la suya propia (pág.346).

4. Conclusión

Una vez más la Semana Negra ha dado la palabra a géneros literarios diferentes, incluyendo el cómic (y el nuevo cómic español) y la poesía. En las noches gijonesas, extrañamente calurosas, tuvieron lugar veladas poéticas en las cuales poetas como Ángel González o Luis García Montero leyeron sus obras.
Dos novedades:
La gran cantidad de presentaciones de libros que permiten descubrir las obras “desde dentro” y comprar los libros de otra manera que “a ciegas”.
La LOM, librería de oportunidad móvil, que ofrece libros a precios ridículos.
De hecho, como lo titulaba el primer número de ¡A Quemarropa!, (el diario de la SN), “Dieciocho años … y como niños”.

Christine DEFOIN