El Quijote en los viajeros franceses por la España del siglo XVIII: una aproximación

Puente 122(2005)

Pretenciosa empresa resultaría tratar siquiera de resumir aquí la vasta, diversa y compleja fortuna e influencia que el Quijote ha tenido en Francia. Baste evocar las 47 impresiones de ediciones francesas con que contó la obra maestra de Cervantes sólo durante el siglo XVIII; que el Quijote estuvo presente en diversas polémicas, como la querella de Antiguos y Modernos o la de la Revolución Francesa; o el hecho de que elementos y personajes del texto cervantino hubieran aparecido ya en expresiones artísticas como el ballet Don Quichot que en 1614 se había danzado en la corte gala. Claro está que ha sido en la propia historia de la novela donde más profunda ha resultado la huella del Quijote, que también llegó a ocupar un lugar de excepción en la evolución de la prosa de ficción francesa: de las primeras novelas de Marivaux a Balzac o al quijotismo que salpicó a la Emma Bovary de Flaubert.
Pero ninguno de los extremos aludidos constituye el objeto de este artículo, que no discurrirá por los territorios de la fortuna editorial, ni del impacto y la presencia general de la obra en críticos o lectores o en la propia intrahistoria de la ficción novelesca, sino sólo por el ámbito de los testimonios sobre Don Quijote de La Mancha contenidos en los libros de viaje franceses del periodo acotado; y lo hará además de una manera necesariamente sintética (Ortas Durand [en prensa] ofrece una visión más extensa y detallada de la cuestión).

1. Valoraciones generales de la novela

Las valoraciones generales de la novela que realizaron los viajeros franceses dieciochescos van desde los breves elogios a juicios de carácter interpretativo. En el primero de estos terrenos podemos recordar que el abate de Laporte [1772: 424] creía que el Quijote había supuesto la culminación de la reputación de Cervantes o cómo Peyron [1782: I, 318] encarecía a aquel como “livre inimitable”.
Si observamos el segundo de los ámbitos citados, debemos señalar que no fueron muchas las relaciones de viaje dieciochescas con propuestas explícitas de interpretación de la obra maestra cervantina, y la lectura que estos visitantes hacían de ella más bien debería deducirse en parte de cómo recreaban algún episodio, evocaban ciertos espacios de la ficción novelesca y consignaban la pervivencia o no de algunos de los personajes y comportamientos descritos en la misma. No obstante, entre los elementos aludidos, noticias sobre el conocimiento y reconocimiento del texto cervantino y sucintas valoraciones encomiásticas como las ya señaladas, cabe espigar -básicamente a partir de la segunda mitad del siglo XVIII- algunas interpretaciones expresas del sentido y alcance de la obra.
Para Joseph de Laporte era precisamente Don Quijote de La Mancha el texto literario que colocaba a España por encima de Francia en el género novelísitico, del cual suponía la cima absoluta. Mediada ya la centuria ilustrada, el abate ensalzaba una obra cuya valía estribaba en su habilidad para aunar humor y enseñanza:

Cet ouvrage, connu de toutes les nations, & traduit dans toutes les langues, est le premier de tous les écrits de ce genre [du roman], par le génie, le goût, la naïveté, la bonne plaisanterie, l’art d’entremêler les aventures, & sur-tout par le talent d’instruire en amusant. Chaque page présente des tableaux comiques & des réflexions judicieuses. On dit que Philippe III vit un jour, de son balcon, un écolier qui, en lisant, quittoit de temps en temps son livre, & se frappoit le front avec des marques extraordinaires de plaisir. “Ce jeune homme est fou, dit le roi, ou bien il lit Don Quichotte”. Le prince avoit raison; c’étoit effectivement ce qu’il lisoit (Laporte [1772: 424-425]).

La significativa anécdota atribuida al rey aparecía ya recogida por Mayans [1972: 54] en su Vida de Cervantes (1737), y tampoco resultaba aislada esa visión de una confluencia de delectare y prodesse en el texto cervantino: para Saint-Évremond el Quijote tenía ese doble carácter de ser una novela satírica y a la vez un libro de reflexión y pensamiento, en el que podía hallarse buen sentido y profundidad (véase sólo Bardon [1931: I, 277-284]). Al igual que en el abad de Laporte, utilidad didáctica y componente paródico se fundían en la interpretación del Bourgoing [1788: I, 43] que recordaba a ese “philosophe enjoué Cervantès, qui, sous l’enveloppe de la plaisanterie, a donné de si sages leçons aux hommes et aux concitoyens”.
Por su parte, Peyron veía en el Quijote una parodia tan profundamente certera que había puesto en absoluto entredicho y risión los libros de caballerías, lo que en sí estaba bien, a no ser que tal ridiculización del modelo de la caballería andante hubiera producido o alentado un debilitamiento de esos rasgos de heroísmo y grandeza que, para el autor galo, formaban parte distintiva del carácter español:

Il avoit corrigé sa nation de son ardeur pour les grandes aventures; il avoit jeté par son Don Quichote un ridicule inéfaçable sur les romans de chevalerie; & peut-être doit-on lui reprocher d’avoir énérvé ces sentiments héroïques, cette énergie de caractère, cette grandeur d’âme qui distinguoient la nation espagnole (Peyron [1782: II, 233-234]).

Esa misma idea según la cual el Quijote habría asestado la puntilla al espíritu caballeresco en su país era en realidad a estas alturas un lugar común, que había sembrado el padre Rapin en sus Reflexions sur la Poétique et sur les ouvrages des poètes anciens et modernes (1674-1675), que cabía rastrear en Temple, Steele o Defoe y se extendió en la Inglaterra de finales del siglo XVII y de la centuria siguiente.
Y en el primero de los dos libros en que fructificaron sus estancias peninsulares, Bourgoing [1788: II, 266-267] también aludió a la supuesta incidencia disuasoria que había tenido el Quijote no ya en el espíritu caballeresco nacional como una categoría general, sino sobre los concretos aventureros que se lanzaban a la vida de caballeros errantes. El diplomático francés juzgaba adecuada la desaparición de unas prácticas justicieras individuales que ya habían perdido por completo su posible sentido anterior en unos tiempos en los que el Estado se ocupaba de tales funciones. El Tableau de Bourgoing [1797: II, 301-303] mantenía y desarrollaba esta misma opinión y llegaba incluso a concluir que “nous pouvons encore citer comme une preuve de la révolution moderne qui s’est opérée dans les moeurs des Espagnols, la rareté des combats singuliers”; si bien, a la vez, resaltaba la valentía y entrega de “ces aventuriers pleins de folie, mais de bravoure, mais de générosité, qui allaient au-devant des périls, qui offraient gratuitement le secours de leurs bras aux faibles, aux malheureux, aux belles”.

2. Noticias sobre la fortuna y reconocimiento de la obra

Por decirlo con las palabras de Joseph de Laporte [1772: 424], el Quijote era “connu de toutes les nations, & traduit dans toutes les langues”, y en algunos de los libros de viajes estudiados se deslizaron noticias explícitamente referidas a dicha fortuna editorial, o al reconocimiento que unas u otras naciones dedicaban a la insigne novela de Cervantes.
Como la edición del Quijote auspiciada por la Real Academia Española se dio al público en 1780, viajeros posteriores pudieron valorarla en su realidad impresa. Así lo hizo Bourgoing, quien apenas ofrecía escueta noticia de la existencia de esta bella edición con ilustraciones en el viaje que redactó a raíz de su primera estancia en nuestro país entre 1777 y 1785 (Bourgoing [1788: I, 250]), pero que, tras regresar a la Península, amplió sus observaciones al respecto en su posterior Tableau de l’Espagne moderne:

Il parut, en 1780, une superbe édition de Don Quichotte, en quatre volumes in-4º, qu’ils ont voulu enrichir des productions de leur burin [celui de Selma]. Mais ces gravures, médiocres pour la plupart, ne répondent pas au mérite de l’ouvrage, également admirable par la beauté du papier, l’exactitude du registre, la netteté des caractères, la qualité de l’encre, et comparable à ce que les autres nations ont de plus parfait à citer dans ce genre. Il suffirait, lui seul, pour immortaliser les presses d’Ibarra. C’est un ouvrage vraiment national, par lequel les Espagnols ont voulu donner un démenti à l’Europe, qui croyait chez eux tous les arts au berceau. L’encre est de la composition d’Ibarra lui-même, à qui nos imprimeurs ont demandé plusieurs fois le secret de son procédé. Les caractères ont été fondus par un Catalan. Le papier sort des fabriques de Catalogne. La savante préface et l’analyse de Don Quichotte, placées à la tête de l’ouvrage, sont d’un membre de l’Académie de la Langue, don Joseph de Guevara. La reliure même, quoiqu’un peu inférieure au reste, prouve encore que les Espagnols ne sont étrangers à rien de ce qui tient à l’art de la typographie (Bourgoing [1797: I, 275-276]).

El diplomático inició con una tibia valoración de la medianía de las ilustraciones (Schmidt [1999: 138 y ss.] ha estudiado su auténtico valor artístico) su completa y favorabilísima reseña de la edición. La impecable factura de la edición académica la colocaba en idéntico nivel que el del resto de Europa, pero no podemos olvidar que dicha excelencia material envolvía precisamente una obra que era en sí una muestra de nuestra aportación a la cultura. Cuando Bourgoing escribía estas líneas, todavía no se habían apagado los ecos del célebre artículo sobre España que elaboró Masson de Morvilliers para la Encyclopédie méthodique, cuya aparición en 1783 reavivó el celo apologista hispano y suscitaría no pocas disputas dentro y fuera de nuestro país, entre las cuales algunas tendrían justamente como objeto el valor de Cervantes; pero, al margen de tal entramado de conexiones, lo que resultaba evidente es que en este, como en otros casos, el viajero galo reconocía los méritos de España allí donde los veía.
Los viajes franceses del periodo acotado también destilaron algunas noticias y valoraciones sobre el conocimiento que del Quijote se tenía en España. Así, Álvarez de Colmenar [1741: II, IV, 9] calcó de una carta de Chapelain de 1662 una observación según la cual los españoles “ne conçoivent rien au-dessus des Lazarillos & des Quichotes, des Dianes de Montémajor & des Pastor de Filida, des comédies à plusieurs jornadas & des libros de entretenimiento”. Más allá fue Peyron, quien durante su itinerario manchego constató cómo los estratos más humildes de la población conocían al caballero andante y su escudero, y cómo esta fama había dejado huella palpable en la memoria de personas y en los nombres impuestos en recuerdo del héroe de Cervantes:

Il n’y a pas de laboureur, pas de jeune paysanne qui ne connoisse très-bien Don Quichote & Sancho: il y a même dans la Venta de Quesada un puits qui porte le nom du chevalier errant. C’est-là que ce héros fit la veillée des armes: tel est le sort & la récompense des hommes de génie, leurs poésies s’accréditent & chez le peuple même elles ont des monuments; ainsi Shakespear [sic], parmi les Anglois, a donné son nom à des chemins & à des montagnes (Peyron [1782: I, 318].

El pasaje gozó de éxito en compilaciones posteriores de viajes, y se reprodujo, entre otros textos, en la tantas veces reeditada y tan manejada Guide des voyageurs en Europe de Reichard [1793: I, I, 3].

3. La España del Quijote y la de los viajeros

Ciertos viajeros franceses percibieron en algunos elementos de la Península que estaban recorriendo la pervivencia y el reflejo del mundo contenido en el Quijote: así, en un juicio que luego repetiría la Guide de Reichard [1793: I, I, 63], Peyron [1782: I, 318] apreció en los manchegos de 1777, sus ropas y sus comportamientos, una prolongación de lo retratado en la novela. En otras ocasiones los visitantes destacaban la capacidad del texto cervantino para constituirse en una suerte de cuadro de España y su realidad, y Bourgoing [1797: III, 78] encarecía precisamente al redactor de esa historia por haber sido “aussi fidèle géographe que peintre fidèle des moeurs” de La Mancha.

4. Personajes de la novela

Variada fue utilización que los viajeros franceses del periodo estudiado hicieron del nombre de don Quijote para sintetizar mediante un marbete de gran fuerza evocadora en los lectores el retrato de determinadas personas o grupos de ellas. A la altura de 1707, Álvarez de Colmenar [1741: II, III, 4] calificaba irónicamente como “Don Quichottes” a los militares españoles de cuya falta de esforzada voluntad y apresuramiento a la hora de eludir duras tareas se quejaban las tropas galas en Gibraltar.
Si estas menciones del héroe cervantino se encuadraban en el ámbito de la etopeya, también podemos encontrar alguna muestra de la apelación a nuestro caballero para ofrecer en dos palabras una detallada prosopografía, capaz de evocar inmediatamente una imagen perfectamente reconocible por el lector. Así lo hizo Saint-Simon al caracterizar a Gaspar Girón, mayordomo de la Corte encargado de acompañarlo durante su estancia de 1721 y 1722, un hombre alto,

sec, noir, vieux, qui avoit été bien fait et galant, vif, quoique grave, salé en reparties et palisanteries, gai et très poli, avec cela néanmoins la gravité du pays, et sentant en toutes ses manières sa haute naissance, mais avec aisance et sans rien de glorieux. Il faut cependant avouer que son premier aspect rappeloit tout à fait le souvenir de don Quichotte (Saint-Simon [1879-1928: XXXIX, 255-256]).

Aunque aquí la evocación física pudiera suscitar otro tipo de asociaciones entre ambas figuras, el aristócrata francés aplicaba a alguien el nombre de un personaje cervantino como simple y eficaz medio de retratar su fisonomía. Hay ejemplos de ello ya antes de su misión hispana: describió en 1705 al distinguido militar Usson como bajo, con el aspecto de una calabaza, juicio estético poco halagüeño que se remataba y concluía con la aposición “un Sancho Panza” (Saint-Simon [1879-1928: XIII, 128, n. 5]); o se burló del incapaz Marsans que alababa su belleza a la duquesa de la Feuillade, cuando esta era “beaucoup plus Marietornet [sic] que celle de don Quichotte” (Saint-Simon [1879-1928: XVI, 399]).
Por su parte y ya en los terrenos de cotejo entre obras artísticas y aspecto del personaje, el Margarot [1780: I, 311] que describía en 1772 el altar mayor de la catedral de Santiago de Compostela veía en una de sus imágenes al apóstol “à cheval armé à peu près de même que Servantes [sic] représente Don Quichote de la Manche, c’est-à-dire de pied en cap”.
En ocasiones, era el propio viajero quien se comparaba con don Quijote. Margarot se identificó con el héroe cervantino en dos ocasiones, y en ambas para relatar una situación en la que el propio visitante quedaba mal parado; así, tras narrar los pormenores materiales de su abandono de Madrid, concluía:

Ce fut donc ainsi que, comme le fameux Don Quixote de la Manche, je fis ma seconde sortie, non d’un mauvais village de province, mais de la capitale de la monarchie, accompagné de mon Sancho Pança; il est vrai que l’ingénieux Miguel Servantès [sic] représente cet écuyer comme fidelle & zélé pour son maître, au lieu que le mien n’avoit ni l’une ni l’autre de ces qualités; mauvais coeur, bizarre, acarriatre, hargneux, inquiet (Margarot [1780: I, 400]).

Si el visitante extranjero sobrepujaba al caballero en la importancia del lugar de su partida, no lo hacía en su compañía, ya que la persona que se desplazaba con él era un Sancho por su función, pero resultaba el contrapunto del buen escudero por sus nulas cualidades y su acritud. Ya nada más entrar en España en 1771 Maurice Margarot se había calificado de don Quijote, y lo hizo en medio de la relación de un episodio humorístico en el que el viajero aparecía a caballo, como débil y en apuros, incapaz de seguir el ritmo ni de igualar la fortaleza física de la mujer vasca que lo trasladaba a Tolosa, y que no se comportaba precisamente cual doncella menesterosa:

J’ai pris donc un cheval, n’en pouvant pas avoir deux, sur lequel on attacha ma valise & y étant monté je poursuivis ma route par un chemin très mauvais, raboteux, parmi de grosses pierres ou morceaux de rochers & dans une espèce de forêt; comme il pleuvoit copieusement, la route étoit fort désagréable, mon guide, faisant servir sa jupe de manteau & retroussant son cotillon jusques à la ceinture, marchoit ou plutôt couroit devant moi, jambes & pieds nuds, & comme sa chemise, suivant l’usage des Espagnoles, étoit faite avec économie ne descendant pas jusques au genou, elle exhiboit une paire de bonnes colonnes, qui laissoient voir quelques fois les chapitraux à la Corinthienne, ses moulures & ses ornemens; c’étoit un spectacle risible que, de nous voir, j’en aurais ris le premier si d’un côté, la grosse pluye qui ne discontinua point, & une forte douleur que le sécouement de l’animal me causoit (n’ayant pas été à cheval depuis plusieurs années) ne m’eussent rendu de mauvaise humeur; l’on auroit dit que cette jeune femme jouissoit de toute la force & de toute la dexterité de son sexe, elle sautoit, couroit & gambadoit comme un singe, chantant presque par tout le chemin, obligée de s’arrêter souvent pour attendre son Don Quixote, monté sur Rossinante, qui ne pouvoit pas lui tenir pié, réellement c’étoit une scène comique, il n’y manquoit que des spectateurs pour battre des mains & crier encore; enfin nous arrivâmes au bourg, tous deux bien conditionnés, surtout ma conductrice qui n’avoit rien de sec sur son corps, ne paroissant du tout point fatiguée, & de si bonne humeur qu’elle rioit comme une fol[l]e; je la payai liberalement, elle monta tout de suite sur le cheval & malgré la grosse pluye qui ne discontinuoit point, retourna à Bidassoa comme si de rien n’étoit; si j[‘]eusse pu me persuader qu’il y eût des femmes de fonte, j’aurois aisément cru que celle-cy étoit de bronze (Margarot [1780: I, 52-54]).

Además de don Quijote o Sancho, Maritornes fue uno de los personajes evocados por los viajeros franceses dieciochescos. Así, la escena de sociabilidad venteril que presenció Margarot durante su desplazamiento a Cartagena incluía una rememoración de la citada moza:

Notre compagnie était mêlée dans la cour, entre autres plusieurs jeunes filles assés jolies, qui ne paroissoient du tout point farouches, avec les muletiers & les postillons; après avoir vu leur(s) sarcasmes, agacemens & badinages, un monsieur de bon âge & grave eut la bonté de m’adresser la parole, me connoissant étranger par mon habillement & peut être au langage; nous liâmes donc conversation ensemble, quittâmes nos Maritornes & nous écartâmes (Margarot [1780: II, 20]).

5. Dichos o frases de personajes de la obra

La presencia del Quijote en los viajeros estudiados caminó en ocasiones por el territorio del recuerdo o de la cita más o menos literal de palabras de algunos personajes de la novela. En tanto que autoridad había utilizado la novela Bourgoing cuando, a la hora de ilustrar el sentido de una frase hecha cuya significación trataba de trasladar a sus lectores, abundaba en su explicación remitiendo al uso de la expresión en el seno del texto cervantino:

Los toros de Guisando, dont bien des gens, à Madrid même, ne soupçonnent pas la réalité, entrent souvent dans la conversation familière pour exprimer d’une manière burlesque le courage d’un homme capable d’affronter les plus grans dangers; et à ce titre, ils se trouvent dans la bouche d’un des héros de Cervantès. Quand à mon retour je dis que j’avais vu, palpé ces fameux taureaux, on me regardait presque comme un homme extraordinaire. L’illusion disparut quand j’eus donné le signalement des ennemis dont j’avais bravais l’approche (Bourgoing [1797: III, 24]).

Este fragmento remitía a la peripecia del Caballero del Bosque, que había contado a don Quijote cómo su amada Casildea de Vandalia le había ordenado en una ocasión que “fuese a tomar en peso las antiguas piedras de los valientes Toros de Guisando, empresa más para encomendarse a ganapanes que a caballeros” (Cervantes [1998: 2ª parte, cap. 13, 735]), que llevó a cabo. Con un humor que conectaba muy bien con el tono de burla de los trabajos del fingido caballero en este pasaje, el diplomático francés confesó cómo también tuvo su particular encuentro con los susodichos toros, pero no en el sentido lingüístico glosado, sino en su realidad física de esculturas megalíticas sitas en la homónima comarca avulense, y claro está, sin arrostrar riesgo alguno.

6. Espacios, escenarios y paisajes del Quijote

Habitualmente la presencia de escenarios y parajes unidos al Quijote se concretó en espacios, como el manchego, de gran protagonismo en el universo cervantino, y a los que el transeúnte francés dieciochesco se acercaba condicionado de alguna manera por la lectura de la novela y ciertos episodios de ficción que en ella aparecían. La Mancha se presentaba ante la mirada y ante la pluma de buena parte de estos visitantes como un espacio inextricablemente unido a la novela y al héroe cervantinos. Así, el capítulo que los Annales de Álvarez de Colmenar [1741: I, II, 189] dedicaron a la zona arrancaba precisamente con una sucinta ubicación geográfica, seguida de un recordatorio de que “c’est-là que Michel Cervantès a placé la scène des exploits héroïques du preux chevalier Don Quichotte”. Y precisamente al caballero andante y al autor de Alcalá debería el alcance de su fama la región manchega, “plus fameuse par les exploits de Dom Quichotte, qui y prit naissance, que par ceux des chevaliers de Calatrava”, según el abad de Laporte [1772: 334]; nada más pisarla, Peyron [1782: I, 318] consignó que era “fameuse par les amours & les voyages de Don Quichote”; Reichard [1793: I, I, 63] la presentó como “le théâtre des hauts-faits de l’immortel héros de Cervantès”, aventuras estas que también constituyeron la base del renombre de La Mancha a juicio de Bourgoing [1788: III, 126].
Pero, más allá de esta difusión y conocimiento del nombre de La Mancha o de sus poblaciones, su vinculación con el Quijote le concedía un estatuto especial, llegaba a hacerla diferente del resto de las regiones españolas por las que se desplazaba el visitante, que la miraba, la recorría y hasta la describía en ocasiones en relación con el texto cervantino. Por supuesto, tales condicionamientos y evocaciones tuvieron diferente alcance en los viajeros aquí considerados. Así, Joseph de Laporte [1772: 334] consignaba la inmersión en la ficción de este espacio, puesto que “Cervantès, en établissant son héros dans la Manche, en a fait comme le théâtre de cette chevalerie errante, qui n’a peut-être existé que dans l’imagination des faiseurs de romans”.
Por su parte, el itinerario manchego que Bourgoing [1788: III, 133] realizó en 1783 también estuvo marcado por el reconocimiento de los espacios cervantinos, de manera que Puerto Lápice no era sino un “petit village, près duquel Don Quichotte, à l’entrée de la carrière, se fit armer chevalier”. El diplomático declaró que La Mancha contenía “plusieurs lieux plus remarquables que ceux que Cervantès a célébrés” (Bourgoing [1797: III, 79]), y si algo contrarió al visitante galo no fue sino no poder ver cumplido su deseo de pasear directamente por las calles del Toboso:

D’après leur position, relativement aux villages qui doivent toute leur renommée à Cervantès, le Quintanar & le Toboso, je ne doutai pas que ces moulins ne fussent ceux qui avoient été témoins & victimes des premiers exploits de Don Quichotte. Nous parcourûmes des yeux les vastes plaines qui en avoient été le théâtre. Nous n’étions qu’à une lieue du Toboso, patrie de Dulcinée; nous pouvions par un léger détour traverser ce village que la gaïeté & le génie de Cervantès ont presque assimilés aux lieux les plus célèbres par la trompette de l’Histoire. Nous voyions, pour ainsi-dire, errer autour de nous l’ombre de ce grand homme & le squelette de son héros: il nous sembloit qu’une demi-lieue plus loin l’illusion se seroit convertie en réalité; mais notre voiturier étoit peu versé dans la littérature &, comme le cerf de Lafontaine, “n’avoit pas accoûtumé de lire”, il ne partageoit pas notre curiosité. Nous ne pûmes vaincre son inflexibilité; il fallut nous contenter de découvrir du grand-chemin le clocher du Toboso, le petit bois où Don Quichotte en embuscade attendoit la tendre entrevue qu’il avoit fait négocier par son fidèle écuyer, & la maison où Dulcinée reçut son langoureux message.
Pleins des souvenirs que nous rappelloient ces plaines enchantées, nous traversâmes le Quintanar (Bourgoing [1788: III, 126-127]).

Más allá del mero lamento de la ocasión perdida iba Bourgoing: a falta de la experiencia concreta de la visita, el viajero se abría a recrear en ese escenario la figura de don Quijote y a atisbar unos espacios cuya sola proximidad desencadenaba en él la intensa y vivida evocación de cuanto se refería al anhelado encuentro del caballero con su dama y a la embajada de Sancho (cf. Cervantes [1998: 2ª parte, caps. 9-10, 699 y ss.]).

7. Evocación de episodios concretos de la novela

El epígrafe que sigue debería completarse con la evocación que Bourgoing realizó del momento en que don Quijote fue armado caballero, de la aventura de los molinos de viento o del tiempo que nuestro héroe pasó en un bosque a la espera de que su fiel Sancho le trajera a Dulcinea; pero a ello nos hemos referido ya en el subapartado anterior, dedicado a la mirada que los viajeros franceses dieciochescos dedicaron a La Mancha a través del filtro literario cervantino.
Ahora, pues, sólo queda por citar otra aventura del Quijote recordada y nombrada en calidad de tal peripecia, que en este caso va más allá de la mera vinculación con los enclaves cervantinos. Convertidas ya en prototipo de prodigalidad en la celebración y de riqueza de manjares en el banquete, la celebración de las bodas de Camacho (Quijote, 2ª parte, caps. 19-21) fueron aludidas por Margarot [1780: I, 443] a su llegada en 1772 a Vélez-Málaga, donde “Madame Blake nous reçu avec sa politesse ordinaire: nous tombâmes comme Sancho dans une seconde noce de Gamache; tout étoit abondant, bon, propre & délicat”.
Si aventuras como las del escrutinio de libros, la cueva de Montesinos o la ínsula Barataria fueron traídas a colación de diferentes maneras por otros viajeros extranjeros dieciochescos y franceses decimonónicos, acabamos de ver cómo los visitantes galos de la centuria ilustrada se refirieron en una medida infinitamente menor a episodios concretos de la obra maestra cervantina.

* * *

Baste este ramillete de textos revisitados para comprobar cómo algunos de los viajeros franceses más importantes que atravesaron la Península Ibérica durante el Siglo de las Luces tuvieron el Quijote en mente a la hora de recorrerla y llevaron valoraciones, personajes, frases, escenarios o episodios de dicha obra maestra a su pluma como autores de un relato de viajes sobre España. Mucho más numerosa resultó la presencia quijotesca en los viajeros británicos de la centuria ilustrada y absolutamente abundante llegó a ser en los visitantes franceses -y extranjeros, en general- decimonónicos (como ha analizado Ortas Durand [en prensa]), pero la presencia del texto de Cervantes en algunos de quienes visitaron España desde tierras galas en el siglo XVIII supone una muestra más que tener en cuenta de esa cada vez más rica y compleja línea de continuidad que ha ido marcando la pervivencia y la influencia del Quijote en Francia.

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS
-Textos de viajeros citados
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BOURGOING, Jean-François [1788], Nouveau voyage en Espagne ou Tableau de l’état actuel de cette monarchie; contenant les détails les plus récens sur la constitution politique, les tribunaux, l’Inquisition, les forces de terre & de mer, le commerce & les manufactures, principalement celles de soieries & de draps; sur les nouveaux établissemens, telles que la Banque de Saint-Charles, la Compagnie des Philippines, & les autres institutions qui tendent à régénérer l’Espagne; enfin, sur les moeurs, la littérature, les spectacles, sur le dernier siège de Gibraltar & le voyage de Monseigneur Comte d’Artois; ouvrage dans lequel on a présenté avec impartialité tout ce qu’on peut dire de plus neuf, de plus avéré & de plus intéressant sur l’Espagne, depuis 1782 jusqu’à présent; avec une carte eluminée, des plans & des figures en taille-douce, Paris, [s. i.], Chez Regnault, 3 ts.
BOURGOING, Jean-François [1797], Tableau de l’Espagne moderne, seconde édition corrigé et considérablement augmentée, à la suite de deux voyages récemment par l’auteur en Espagne, Paris, Chez l’auteur/Du Pont/Devaux/Regnault, 3 ts.
LAPORTE, Joseph de [1772], Le voyageur françois, ou la connoissance de l’ancien et du nouveau monde, mis au jour par M. l’abbé ______, quatrième édition revue, corrigée & augmentée, Paris, Chez L. Cellot, Imprimeur-Libraire au Palais, t. XVI.
MARGAROT, Maurice [1780], Histoire ou relation d’un voyage qui a duré près de cinq ans; pendant lequel l’auteur a parcouru une partie de l’Angleterre, la France, l’Espagne, le Portugal, tous les États de l’Italie, la Sicile, & l’Isle de Malte, le Piemont, la Suisse, l’Alsace, Partie de l’Allemagne & la Hollande, ce qui lui a donné occasion de voir environ deux cents grands & belles villes, &c. Et fourni une ample matière à des observations instructives, des anecdotes rares, & des descriptions succintes, mais intéressantes, London, Imprimerie de G. Bigg, 2 vols.
PEYRON, Jean-François [1782], Nouveau voyage en Espagne fait en 1777 et 1778, dans lequel en traite des moeurs, du caractère, des monumens anciens & modernes, du commerce, du théâtre, de la législation des tribunaux particuliers à ce royaume & de l’Inquisition; avec de nouveaux détails sur son état actuel & sur une procédure, récente & fameuse, Londres/Paris, Chez P. Elmsy/ Chez P. Théophile Barrois, 2 vols.
REICHARD, Heinrich August Ottokar [1793], Guide des voyageurs en Europe; avec une carte itinéraire de l’Europe, et une carte de la Suisse, Weimar, Au Bureau d’Industrie, 2 vols.
SAINT-SIMON, Duc de [1879-1928], Mémoires de _________, nouvelle édition collationnné sur le manuscrit autographe, augmentée des additions de Saint-Simon au journal de Dangeau, par A. De Boislisle avec la collaboration de L. Lecestre, Paris, Librairie Hachette et Cie., 41 ts.
-Edición del Quijote citada
CERVANTES, Miguel de [1998], Don Quijote de La Mancha, edición del Instituto Cervantes dir. por Francisco Rico, con la colaboración de Joaquín Forradellas, estudio preliminar de Fernando Lázaro Carreter, Barcelona, Instituto Cervantes/Crítica, 2 vols. + cederrón.
-Estudios aludidos
BARDON, Maurice [1931], “Don Quichotte” en France au XVIIe et au XVIIIe siècle. 1605-1805, Paris, Honoré Champion, 2 ts.
MAYANS Y SISCAR, Gregorio [1972], Vida de Miguel de Cervantes Saavedra, ed. de Antonio Mestre, Madrid, Espasa-Calpe.
ORTAS DURAND, Esther [en prensa], Cervantes y el “Quijote” en los viajeros extranjeros por España (1701-1846), Alcalá de Henares, Centro de Estudios Cervantinos.
SCHMIDT, Rachel [1999], Critical Images: The Canonization of “Don Quixote” through Illustrated Editions of the Eighteenth Century, Montreal, McGill-Queen’s University Press.

Esther ORTAS DURAND
(Universidad de Zaragoza)