Cuando Cervantes rasgó el telón

Puente 121(2005)

Una lectura del ensayo de Milan Kundera, “Le rideau”
Milan Kundera publicó en mayo de este año Le Rideau, un ensayo escrito en francés en el que se hace preguntas sobre la creación novelesca. La obra está dividida en siete partes que se corresponden como contrapuntos musicales: “Conscience de la continuité” – “Die Weltliteratur” – “Aller dans l’âme des choses” – “Qu’est-ce qu’un romancier?” – “L’esthétique et l’existence” – “Le rideau déchiré” – “Le roman, la mémoire, l’oubli”. Con pinceladas ligeras, incisivas, y siempre relevantes Kundera nos hace compartir una reflexión sobre la novelística, revelando así la variedad de su pensamiento estético: la novela, como elogio de la prosa, conflicto entre narración y descripción, arte de la soltura y del humor…
Para él, las obras fundadoras de la novela, esto es, las de Rabelais y Cervantes no se dieron a conocer en su época sino fuera. Incluso en el siglo XVIII, Fielding, el creador de Tom Jones, consideraba que la novela era todavía un arte nuevo (prosai-comi-epic-writing). Así pues, es la conciencia de la continuidad la que funda el valor histórico. El novelista inglés ponía también de relieve que la invención novelesca permite -como decía él- “a quick and sagacious penetration into the true essence of all the objects of our contemplation”, “une rapide et sagace pénétration de l’essence des choses” (p.20).
Kundera alaba la novela porque ésta constituye un genuino modo de conocimiento del alma humana y de la vida, independiente de la filosofía, la ciencia o la historia.
La novela resulta acte de connaissance.

En el capítulo Die Weltliteratur, Kundera vuelve a tomar este concepto inventado por Goethe para apelar a una visión de una literatura transnacional: «L’Europe n’a pas réussi à penser sa littérature comme une unité historique et je ne cesserai de répéter que c’est là son irréparable échec intellectuel» (p.49).
Es un error escribir historias de literatura nacional cuando los grandes escritores establecen entre ellos filiaciones literarias, reconocimientos estéticos recíprocos, fuera de las fronteras:

(…)C’est à Rabelais que réagit Sterne, c’est Sterne qui inspire Diderot, c’est de Cervantes que se réclame sans cesse Fielding, c’est à Fielding que se mesure Stendhal, c’est la tradition de Flaubert qui se prolonge dans l’œuvre de Joyce, c’est dans sa réflexion sur Joyce que Broch développe sa propre poétique du roman, c’est Kafka qui fait comprendre à García Márquez qu’il est possible de sortir de la tradition et d’ écrire autrement. (pp.49-50).

Al hablar de la Europa del Este, no puede pasar sin decir que, si, de veras , es la lisière orientale de l’Occident no es por eso menos europea ; una historia común une a todos estos europeos:

Une Histoire commune transparaît; depuis la fenêtre tchèque, j’y vois, au milieu du XIVè siècle, la révolution hussite annoncer la Réforme; j’y vois, au XVIè siècle, l’Empire habsbourgeois se constituer progressivement de la Bohême, de la Hongrie, de l’Autriche ; j’y vois les guerres qui, durant deux siècles défendront l’Occident contre l’invasion turque ; j’y vois la Contre-Réforme avec l’éclosion de l’art baroque qui imprime une unité architecturale à tout ce vaste territoire, jusqu’aux pays Baltes.

Y rinde homenaje a la pléyade de los grandes novelistas de la Europa central : Kafka, Musil, Broch, Gombrowicz, todos los cuales eran poetas de la novela, poètes du roman….
Se le ve: Milan Kundera posee un notable conocimiento de la historia de la novela y de todos los novelistas de nuestro planeta literario.
Con él atravesamos así toda la literatura novelesca y con ésta las grandes cuestiones planteadas por la ficción. A través de este recorrido se dibuja la problemática de la novelística.
Son las primeras obras de la prosa europea, las sagas islandesas de los siglos XII y XIV, es Balzac quien, para hacer que sea presente lo pasado y enseñarnos la verdadera cara de la prosa de la vida, imaginó presentar el pasado en escenas. ¡Nació la descripción! O Flaubert quien teatralizó, desdramatizó la novela -pensemos en las paródicas digresiones de Bouvard y Pécuchet-, o incluso Tolstoi, quien mostró, con Anna Karenina, la infinidad de matices que pueden asistirle en un momento … Es García Márquez, cuyas novelas no son nada más que imagination libre (p.99); en sus creaciones novelísticas, “pas de scènes! Elles sont complètement diluées dans les flots enivrés de la narration” (p.100). Son el surrealismo y el existencialismo los que “ont illuminé le ciel au-dessus du roman du XXè siècle” (p.89). Son obras latinoamericanas como El arpa y la sombra o Terra Nostra las que consiguen “intégrer différentes époques historiques dans une seule composition” (p.188). Sin olvidar a Faulkner, quien abole el poder de un narrador único.
Toda esta fiesta literaria y novelesca no sería nada sin un corifeo. Se trata -por supuesto- de don Quijote. Por encima de todo, lo que impresiona al lector es el Leitmotiv del Quijote que vuelve a repetirse en este ensayo, verdadero homenaje al genio de Cervantes.
Cervantes es quien envió a un personaje legendario hacia abajo, al mundo de la prosa… “ La prose: ce mot ne signifie pas seulement un langage non versifié ; il signifie aussi le caractère concret, quotidien, corporel de la vie” (p.21). Así se destacan personajes que no piden ser admirados por su virtud sino por sus sentimientos modestos. Ningún énfasis, ni siquiera con su muerte:

La mort de don Quichotte est d’autant plus émouvante qu’elle est prosaïque, c’est-à-dire dépourvue de tout pathos.(…) Don Quichotte est tout sauf un exemple à suivre. Les personnages romanesques ne demandent pas qu’on les admire pour leur vertu. Ils demandent qu’on les comprenne, et c’est quelque chose de tout à fait différent (p.22).

Cervantes es la imaginación mezclada con la realidad, burlas como esta segunda parte de la novela donde los personajes a quienes don Quijote encuentra reconocen en él el héroe “en carne y hueso” que leyeron:

Cervantes écrit la seconde partie de Don Quichotte alors que la première est déjà éditée et connue depuis plusieurs années. Cela lui suggère une idée splendide: les personnages que don Quichotte rencontre reconnaissent en lui le héros vivant du livre qu’ils ont lu ; ils discutent avec lui de ses aventures passées et lui donnent l’occasion de commenter sa propre image littéraire. Bien sûr, ce n’est pas possible! c’est une pure fantaisie! une blague! (pp.93-94).

Antes de que Cervantes terminara el segundo volumen de su novela, otro escritor se adelantó publicando bajo seudónimo la continuación de las aventuras de Don Quijote. Cervantes reaccionó, proclamando con orgullo: “Pour moi seul naquit don Quichotte, et moi pour lui. Il sut agir, moi écrire. Lui et moi ne sommes qu’une même chose…”. La novela es, desde Cervantes, “une création unique et inimitable, inséparable de l’imagination d’un seul auteur” (p.118). Con él nacíó la primera toma de conciencia del derecho del autor.

Don Quijote es también humor, risa desfasada como en este pasaje donde el hijo de un hidalgo olvida que trató don Quijote de loco cuando éste elogia a su recitación poética:

Nous ne rions pas parce que quelqu’un est ridiculisé, moqué, ou même humilié, mais parce qu’une réalité, subitement, se découvre dans son ambigüité, les choses perdent leur signification apparente…” (p.129 ).

Sobre todo y por encima de todo, Cervantes, al enviar a don Quijote a descubrir el mundo, “rasgó el telón”.
El arte de la novela consiste en romper la preinterpretación que vehicula el pensamiento común: tópicos filosóficos, ideológicos, estéticos y otros….
Detrás del telón se oculta la prosaica realidad de la existencia y el novelista es el que se atreve a rasgar este telón para que miremos el mundo:
Un rideau magique, tissé de légendes, était suspendu devant le monde. Cervantes envoya don Quichotte en voyage et déchira le rideau. Le monde s’ouvrit devant le chevalier errant dans toute la nudité comique de sa prose (p.110).

Milan KUNDERA, Le rideau, essai en sept parties, Éditions Gallimard, Paris, 2005
Milan KUNDERA, El telón, trad. Beatriz de MOURA, Tusquets Editores, Barcelona, 2005
Françoise TOUSSAINT