Luis Sepúlveda, La sombra de lo que fuimos

Puente 147(2011)

Luis Sepúlveda, La sombra de lo que fuimos, Espasa, 2009, 174 págs.
Premio Primavera de Novela 2009

Estamos en Santiago de Chile, en el año dos mil.

«El veterano» se acuerda de su abuelo, Pedro Nolasco Arratia, quien el 16 de julio de 1925 asaltó un banco en Santiago de Chile, con otros tres hombres, todos armados. Anunciaron a los presentes que no eran ladrones y que destinaban el dinero a los «condenados de la tierra». Salieron gritando «Salud y anarquía.»
«Soy la sombra de lo que fuimos y mientras haya luz existiremos» murmura el veterano al salir de su casa, vestido de negro y escondiendo un revólver debajo de la americana.

Cacho Salinas va de compras a la tienda «el Pollo de Urgencia», para una reunión, como le ha pedido Lolo Garmendia en un email.
Mientras espera su encargo, se protege del chaparrón, añorando ciudades europeas «esplendorosas bajo la lluvia» como Bilbao, Gijón o Hamburgo, al contrario de Santiago, tan triste. Seguirá lloviendo durante toda la noche y la madrugada.

Garmendia y Salinas se reúnen con Lucho Arancibia en su viejo taller de mecánico. Esperan a un «especialista» ¿De qué? ¿Por qué? Todavía no lo sabemos.

Esta novela casi policiaca contiene un verdadero suspense. Narra con vivacidad, sensibilidad y humor el pasado de los personajes, que cuarenta años antes fueron casi todos militantes de izquierda durante el gobierno de Allende. Algunos pudieron expatriarse a Europa después del golpe de Pinochet y ahora han vuelto a su país.

Pero, ¿es todavía su país? Ha cambiado tanto y, por otra parte, a algunos de ellos les gustó el exilio…

En otro barrio de Santiago, Concepción García lamenta haber vuelto de Berlín, en donde era tan feliz, y se siente desarraigada en Chile.

Tras una disputa con su marido, Coco Aravena, un nostálgico perezoso que ahora se contenta con escuchar viejos discos y ver películas clásicas mientras bebe cerveza, Concha tira el antiguo tocadiscos por la ventana y mata por accidente al «veterano», que pasaba por la acera, justo debajo del apartamento de la pareja. Hay varios episodios así, dramáticos y burlescos a la vez.

Intervienen dos policías, Crespo, un inspector a punto de jubilarse, testigo lúcido y desencantado de los cuarenta últimos años, y Adelita, una joven detective de la «primera generación de policías con las manos limpias».

Durante la investigación sobre este muerto misterioso, descubrimos que se trata del «veterano» o el «especialista», también llamado «la Sombra» en otros tiempos. Se llama Pedro Nolasco González. El inspector Crespo lo conoce también como «Pedrito, el Lobo solitario». Cometió delitos menores, sin violencia, en los últimos años: robo de pan para distribuirlo a los pobres, acciones clandestinas de protección de la fauna y la flora…

Arancibia, Garmendia y Salinas comen los pollos mientras siguen esperando al «veterano» en el taller. Intercambian recuerdos: cuando Allende, intentaron con entusiasmo construir una democracia popular, pero a veces les faltó organización y sufrieron también de las divisiones de la izquierda. Con la represión que hubo después del golpe de Pinochet, fueron muchos los que desaparecieron, exiliados, escondidos…o muertos.

Y por fin reciben la visita esperada… pero no es el «veterano», claro, sino Coco Aravena, que ha descubierto la dirección del taller y ha robado el arma encontrada sobre el cadáver.
Se trata de otro episodio cómico: han envejecido, están más gordos, tienen la barba blanca o están calvos, pero por fin se reconocen después de sospechar unos de otros que pertenecen a la CIA o a La Oficina, un peligroso organismo de seguridad paralela.

Y ahora ¿ qué van a hacer los cuatro sesentones «viejos y jodidos» ? Es el 16 de julio de 2003, aniversario del asalto al banco por el abuelo del «veterano», en 1925.
«¿Nos la jugamos?», se preguntan, repitiendo la expresión favorita de Pedrito, el «veterano», La Sombra, etc…

¿Será un éxito su proyecto de acción revolucionaria o son los protagonistas unos perdedores nostálgicos?
Para conocer la respuesta, hay que leer el libro.

Al menos, hay para ellos alguna luz en los combates de hoy en día, como la protección de la naturaleza o la justicia social.
Y, además, no han perdido enteramente el sentido del humor, el gusto por las bromas y cierta alegría de vivir.

Josine CANCELIER-MAHY

Recordemos que Luis Sepúlveda fue uno de los participantes en el Coloquio del XX aniversario de la SBPE: «España y América Latina: 1975-1995, Voces de los últimos 20 años.» el 16 de diciembre de 1995. El autor fue presentado por Presén Husquinet García. Christine Defoin, Christine Dela Rue y Anne Casterman hicieron reseñas de El viejo que leía novelas de amor, El mundo del fin del mundo, Nombre de torero, Patagonia Express. (Ver las Actas del coloquio)

En algunos números de Puente hubo entrevistas de él y una reseña de Hotline por Martine Melebeck.