Entrevista a las asesoras de la Consejería de Educación

Puente 180 (junio 2021)

Tanto tiempo sin contacto físico, sin formaciones presenciales. Hasta se nos olvida quiénes son nuestros colegas. Nos parece un momento importante para entrevistar a las asesoras que trabajan en la Consejería de educación de Bélgica en Bruselas.

Agur Guarrotxena Arzuaga Cristina Albertos
¿Podéis presentaros a los profesores belgas? ¿Quiénes sois, de dónde sois ?
Soy una de las dos asesoras técnicas que trabajan en la Consejería de Educación en Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo. Me llamo Agurtzane Guarrotxena y vengo del País Vasco, más concretamente de la villa de Gernika en Bizkaia. Realicé los estudios de Filología Inglesa en la Universidad de Deusto (Bilbao) y durante muchos años me he dedicado a la enseñanza del inglés como lengua extranjera en centros de secundaria. Sin embargo, hace unos años mi vida profesional tomó otro rumbo y comencé a trabajar como asesora en centros de formación del profesorado del País Vasco hasta llegar casi hace dos años a este puesto en la Consejería en Bélgica. Buenas tardes, me llamo Cristina Albertos y soy Asesora Técnica de la Consejería de Educación de la Embajada de España.
¿Cuándo llegasteis a Bélgica? ¿Cuáles fueron vuestras primeras impresiones?
Yo ya conocía las posibilidades que el Ministerio de Educación y Formación Profesional de España ofrece a los profesores funcionarios dentro de su acción educativa exterior: plazas de docentes o de asesores técnicos en las consejerías de diversos países.  Había trabajado un año en París como profesora de inglés en un centro de titularidad del estado español, el Liceo Luís Buñuel, y en el 2019 me presenté de nuevo al concurso de plazas. Así es como llegué a Bélgica, llena de ilusión para emprender una nueva etapa profesional en un país que nunca había visitado pero que hacía tiempo que deseaba conocer. Llegué con mi familia y nuestra llegada a Bruselas estuvo impregnada de la lluvia y del desconcierto de tener que conducir en una ciudad en la que debíamos  compartir la vía con los tranvías en muchas ocasiones, lo cual nos causó algún pequeño sustillo. Fue también un descubrimiento de su arquitectura a través de nuestros largos recorridos a pie en busca de un apartamento y de la animación de sus repletas terrazas por la zona de Châtelain. Afortunadamente, en los días que siguieron a nuestra llegada el sol no dejó de acompañarnos. El 18 de julio, fecha fatídica, pues aunque sea Santa Marina, fiesta del mar, se recuerda el inicio de la triste Guerra Civil española, me comunicaron que mi destino podía cambiar de rumbo en el curso 2020-2021 si aceptaba una Comisión de Servicios en Bruselas. Debía, así, abandonar mi trabajo en Segovia, ciudad de 60.000 habitantes, a media hora de AVE de Madrid, donde ejercía como profesora de francés, profesión que me ha apasionado toda la vida,  a alumnos bilingües y del programa franco-español de Bachibac, y  me ofrecían pasar un curso en Bruselas para colaborar  en la gestión de los programas españoles de la AEEE (Acción Educativa Española en el Exterior) así como en la promoción de la lengua española y difusión de la cultura española en Bélgica.

Consideré el reto propuesto interesante puesto que ya había vivido la experiencia de la Asesoría 12 años antes en Brasil, país en el que pasé 5 años entre Belo Horizonte (Minas Gerais) y Rio de Janeiro y la perspectiva de realizar una trayectoria parecida, pero en Europa, me sedujo enormemente.

¿Cómo os parece Bélgica?
En julio hará dos años de mi primera llegada a Bélgica. Me siento a gusto en este país donde la gente se ha mostrado abierta y acogedora y donde disfruto enormemente del hecho de poder coger mi bicicleta y recorrer los rincones de esta bonita ciudad, Bruselas,  y los magníficos bosques y parques de este país. Soy una enamorada de su naturaleza, de su arte y de su vida cultural. Me encanta conocer sus ciudades y explorar tanto Valonia como Flandes. Lo único que lamento es que mi estancia en Bélgica se haya visto limitada por esta terrible pandemia que nos ha aislado unos de otros y no nos ha permitido conocernos mejor, ni conocer el país más plenamente. Echo de menos sus teatros; en general, todas sus actividades culturales. Llegué a Bruselas el 30 de agosto de 2020, parece que fue ayer y ya el curso termina, y no sé verdaderamente cómo me imaginaba mi futuro pero desde luego no pensaba que pasaría tan deprisa. Para empezar, la situación tanto política como administrativa y territorial del país es desconocida fuera y cuesta entenderla hasta que uno se ve inmerso en él. Además, el marco que se ha presentado este curso 2020-2021 ha sido completamente atípico.

Si retrocedo al pasado, creo que en mi mente había unas miras más amplias que el mero trabajo, figuraba el conocer gente diversa y espléndidos lugares, centros educativos, universidades, Escuelas Europeas; adentrarme en una vida cultural de la que me hablaron maravillas al llegar, en la que asistir a una Ópera, un teatro, museos y cines era muy fácil y asequible pero que no ha resultado nada accesible. Digamos que el vivir un año de pandemia ha trastocado todas las grandes expectativas con las que llegaba para recorrer la Bélgica Flamenca, la Bélgica Wallona y todos los países colindantes.

¿Cuánto tiempo os vais a aquedar aquí? ¿Tenéis proyectos particulares que queréis realizar aquí?
Aún no sé si mi estancia aquí se alargará más de este año, pero si así fuera me gustaría adquirir algunos conocimientos de neerlandés porque es otra de las lenguas del país. También continuar con algún curso en la Academia de Arte, donde comencé mis cursos el año pasado. Así consigo hacer dos cosas que me gustan: aprender y conocer gente. Vivimos un año muy diferente pero no por ello menos rico. Desde el momento de mi llegada quedé prendada de la ciudad que me acogía; es una ciudad preciosa en la que no hay que limitarse a su almendra central, a la majestuosa Grand Place, extraordinarios museos y el pequeño símbolo del “niño meando”, sino que pasear por sus calles y barrios viendo sus casas es siempre un plato de gusto comprobando la afabilidad de los belgas e incluso su sentido del humor que a veces me recordaba al nuestro.

Profesionalmente hablando, el hecho de trabajar On Line ha hecho que mi nombre y actividades hayan llegado a muchas más personas de las que hubiera imaginado ya que la difusión es mayor.

¿Ya habéis tenido contacto con profesores belgas?
Dado que mis tareas en la Consejería no están directamente relacionadas con la gestión de la formación del profesorado, mi contacto con los profesores belgas estos últimos meses ha sido muy escaso en comparación con el que tiene mi compañera asesora. Antes de la pandemia la Consejería organizaba la formación de manera presencial y esas sesiones nos permitían a los asesores conocer mucho mejor a los profesores belgas pero lamentablemente a partir de marzo de 2020 toda formación hubo de realizarse en línea y se acabo la convivialidad en torno a una taza de café en las pausas de los talleres. Tampoco nuestro Centro de Recursos estuvo accesible a visitas por tareas de reorganización de los fondos y las limitaciones impuestas por la situación sanitaria.  A través de la pantalla he conocido a muchos profesores que han colaborado con la Consejería y otros que han asistido a las actividades propuestas por nosotros. Sentada en mi silla y ante mi ordenador he viajado por centros y ciudades sorprendiéndome que en un país con pocos habitantes y tal diversidad de lenguas, el aprendizaje del español tenga tanta importancia entre los adultos. Y si algo me ha faltado ha sido el tomar un café o una cerveza, comer en un restaurante y seguir de sobremesa comentando con profesores y alumnos de español; buena forma de aprender un idioma y empaparse de la cultura de un país.
¿Cuánto tiempo os vais a quedar aquí? ¿Tenéis proyectos particulares que queréis realizar aquí?
Mi proyecto de trabajo terminará con los últimos rayos del verano y me iré con alegría y satisfacción por haber tenido esta oportunidad, por todo lo realizado y, sinceramente, por mi dedicación y la ayuda que he podido prestar; y al mismo tiempo marcharé con tristeza por las circunstancias vividas este año, por no haber podido satisfacer del todo mi curiosidad, la mejor cualidad que existe, y haberme adentrado más en el mundo belga. Aun así, nunca me arrepentiré de haber cogido aquel   tren que en el mes de julio de 2020 pasó delante de mí y esto es lo que aconsejaría a todos los profesores y estudiantes de español: que cojan el tren que pase ante ellos y no se limiten al gusto por las playas y el sol, que España tiene muchas y extraordinarias CCAA (Comunidades Autónomas) dispuestas a acogerles y transmitirles nuestra lengua y cultura, nuestros valores y forma de vivir.