Un viejo que leía novelas de amor

¿ Cómo hablar de esta magnífica novela corta sin hacer un resumen de la historia  que encontraréis en la red ?

Esta obra no se lee tan fácilmente como « La gaviota… ». Hay mucho vocabulario del castellano de América, pero el libro, además de ser comprometido e incisivo,  es vivo, divertido y la historia, llena de peripecias, se desarrolla con un ritmo rápido que da ganas de continuar descubriendo ese mundo desconocido para muchos de nosotros : la selva amazónica.

Sólo evocaré personajes y algunas acciones principales.

Nos encontramos en el muelle de El Idilio (¡nombre irónico !) un pueblecito a la orilla de un río. Asistimos a una escena de tortura voluntariamente asumida, descrita con mucho humor : el dentista, que pasa dos veces al año, está arrancando dientes y muelas a sus pacientes « con una curiosa suerte de anestesia oral ». Cuando se quejan, grita : « Quita, carajo, quita las manos. Ya sé que duele » Y continua afirmando que el culpable de los dientes podridos y del dolor es el gobierno…

Aparece el personaje principal, « el viejo » Antonio José Bolívar Proaño, que vive de la caza desde hace años en la región. Lleva siempre sus nuevos dientes en el bolsillo, excepto para comer. Es amigo del dentista que le trae novelas de amor: le gustan mucho al « viejo ». « Son tristes » … « para llorar a mares », « con gentes que se aman de veras » … « y que sufren mucho ». Antes vivía « el viejo » en la sierra y estaba casado, pero su esposa murió y ahora resiste como puede, consolado por las novelas.

El alcalde es un hombre antipático : obeso, perezoso, alcohólico y tiene « la manía de cobrar impuestos por razones incomprensibles ». Todos lo odian.

Empiezan a aparecer en la región varios cadáveres de gringos o buscadores de oro; todos tienen desgarros largos y profundos en la cara y las espaldas. El viejo, después de examinarlos, piensa que los mató « una gata grande ». Descubren cinco pieles de jóvenes tigrillos (des ocelots) en una mochila. A partir de ese momento empezará la búsqueda de la hembra, y quizás del macho, probablemente herido.

Se nota aquí la actitud crítica del autor a propósito de este tipo de caza. También habla de otros aspectos de la vida en Amazonia : conoce bien la vida de los indios shuar, con quienes vivió durante un año.

« Había  una enorme diferencia entre un shuar altivo y orgulloso, conocedor de las secretas regiones amazónicas, y un jíbaro, como los que se reunían en el muelle de El Idilio, esperando un resto de alcohol. »  Los jíbaros son indígenas rechazados por su propio pueblo, el shuar, por considerarlos degenerados y envilecidos con las costumbres de los « apaches », de los blancos. El autor dedica varias páginas a los intercambios entre los shuar y « el viejo ».

En los dos últimos capítulos del libro se desarrolla la caza inevitable y se descubren otras víctimas de la hembra enloquecida por la muerte de los tigrillos. Salen de El Idilio cinco hombres a perseguirla, pero « el viejo » se queda finalmente solo en la selva. Es él el que conoce mejor el terreno con su lluvia, con sus lodazales, y con los insectos siempre presentes en una vegetación exuberante.

Por fin, conoceremos el destino muy emocionante del viejo y de su entorno…

He aquí la última frase de la novela: « Antonio José Bolívar Proaño (…) sin dejar de maldecir al gringo inaugurador de la tragedia, al alcalde, a los buscadores de oro, a todos los que emputecían la virginidad de su Amazonia (…) se echó a andar en pos de El Idilio, de su choza y de sus novelas que hablaban del amor con palabras tan hermosas que a veces le hacían olvidar la barbarie humana »

El día después de la muerte de Luis Sepúlveda, el 17 de Abril de 2020, el diario Le Soir publicó un artículo titulado : « Le vieux qui lisait des romans d’amour a cessé de rêver » . Cito algunas líneas :   « Pour lui, la figure de l’écrivain engagé n’est pas conforme :  « C’est l’image de quelqu’un qui s’assoit pour écrire sur la paix, contre la guerre, contre tout ce qui va mal…Je suis un militant politique qui participe activement à la société comme un citoyen ordinaire… ».

PS : una pregunta a los especialistas en traducción : ¿ por qué los traductores al francés cambiaron el título de la obra, modificando el título original « UN viejo que… » por « LE vieux qui… » …?

Josine Cancelier-Mahy