Hasta el infinito y más allá: ¨Enséñame todo lo que sabes¨

Puente 172 (junio 2019)

Llega el mes de junio y, después de evaluar el progreso de nuestros estudiantes, me parece acertado ponderar si los profesores, o mejor en singular, yo, como profesora, he contribuido de alguna manera a mejorar las habilidades lingüísticas de mis estudiantes. Son ya muchos años los que llevo poniéndome delante de una clase y reconozco que no me veo haciendo otra cosa. Disfruto del contacto con estas personas que, por mil y una razones, deciden dedicar una mañana o una tarde de sus ocupadas semanas a estudiar mi idioma. Para ellos va mi admiración y mi agradecimiento porque me parece que volver a casa a las diez de la noche, después de una clase, un día cualquiera de noviembre o diciembre cuando desde las cinco y media la oscuridad es total no es lo más atractivo que nos podamos imaginar.

Algo que he aprendido a lo largo de los años es que nuestros estudiantes saben mucho más de lo que ellos creen. Doy clase en el nivel C1 y a estas alturas todos han estudiado los aspectos gramaticales más complicados del español: el uso de los tiempos del pasado, la diferencia entre el indicativo y el subjuntivo, los diferentes conectores y un largo etcétera. Mi objetivo principal es que pongan en práctica todo eso que saben y que muchas veces no saben que saben. Perdón por la repetición pero me parece la manera más simple de explicarlo. Lo que hago con mis estudiantes sin que ellos se den cuenta es llevarlos al límite, que, como digo, en la mayoría de las ocasiones ni ellos mismos conocen. Para ello les pido algo muy concreto: ¨Enséñame todo lo que sabes¨.

A lo largo del curso los estudiantes tienen que escribir cuatro textos cuyo objetivo es demostrar que han aprendido el vocabulario específico de los temas que vemos durante el año. Por supuesto la idea no es solamente escribir frases con la mayor cantidad de sustantivos o adjetivos posibles. Se supone que tienen que organizar bien el texto y estructurarlo en párrafos bien construidos y con ideas bien conectadas. Con el último texto intento, como he indicado antes, llevarlos hasta el límite y proponerles un reto. El título del texto es ¨Y para ti, ¿qué significa ser feliz?

Ya me imagino la cara de los que estáis leyendo este texto porque creo que también podría ser la mía: ¨Uf, qué pregunta más difícil¨, ¨Tendría que pensarlo¨, ¨¿cuánto tiempo tengo para contestar?¨ ¨pues así, en frío, no se me ocurren muchas ideas¨ … y así todas las razones que nos podamos imaginar. La primera reacción de los estudiantes es de sorpresa por no decir de susto.

¿Cómo van ellos a escribir un texto de mínimo una hoja sobre un tema tan complicado? Un tema sobre el que, según me confiesan algunos, ni siquiera podrían escribir en su lengua materna. Bueno, la respuesta está en el proceso que hay que llevar a cabo para realizar esa tarea que no es ni complicada ni mucho menos imposible, solo es diferente. Nuestros estudiantes se han enfrentado desde las primeras clases a unas preguntas para las que sí tenían las respuestas, pero para las que no siempre conocían la gramática o el vocabulario. Por ejemplo, cuando les preguntábamos en el primer año: ¨¿Dónde vives?¨ la dificultad para responder estaba en conocer el verbo en primera persona o quizás en usar correctamente la palabra apropiada para describir el edificio. En los años posteriores empezamos a introducir en nuestras preguntas la valoración y la opinión. Por esta razón, al responder nuestros alumnos no solo tienen que pensar en la forma gramatical correcta o el vocabulario apropiado sino que además tienen que formular su punto de vista y expresarlo claramente. Se me ocurre esta pregunta: ¨¿Por qué (no) le recomendarías a un extranjero que viviera en Bélgica?¨ La respuesta va a ser más o menos larga dependiendo del estudiante pero la mayoría va a ser capaz de contestar inmediatamente, porque es algo que más o menos conocemos y, sobre todo, experimentamos cada día.

¿Y ser felices no es algo que conocemos? ¿Lo experimentamos cada día? Yo creo que sí, al menos para la primera pregunta, pero entonces, ¿por qué los estudiantes se asustan y me miran con los ojos como platos? ¿Qué tiene de malo mi pregunta? Hemos llegado al punto en el que, al contrario que en el primer año de español, los alumnos conocen toda la teoría, la gramática, el vocabulario, las expresiones, etcétera pero no tienen la respuesta porque esa respuesta tiene que ser el resultado de una reflexión que tienen que pararse a hacer. No hay otra solución porque, además, la tarea no es responder oralmente a una pregunta en clase sino escribir un texto en párrafos, con argumentos y anécdotas suficientes o, simplificando, un texto donde me demuestren todo lo que saben. ¨Enséñame todo lo que sabes¨. Sin que ellos se den cuenta los voy a llevar a su límite, los voy a poner en una situación en la que se van a tener que estrujar el cerebro pero no para decidir si ¨en caso de que¨ va con indicativo o subjuntivo sino para decidir qué es para ellos ser feliz, qué necesitan ellos para ser felices.

El proceso de reflexión para contestar esta frase, además de en el sofá de la casa de cada estudiante, lo llevamos a cabo en clase por medio de citas, de frases más o menos provocadoras que pueden inspirarlos. También vemos vídeos de expertos en la materia o incluso escuchamos una canción con la que aprendemos que quizás la felicidad no es, al fin y al cabo, algo tan escurridizo ni tan complicado (¨Yo, para ser feliz, quiero un camión¨ de Loquillo y los Trogloditas). Vamos encontrando ideas y todas son válidas porque lo que yo necesito es una reflexión personal. Aquí es muy importante motivar y entusiasmar al estudiante porque lo que están haciendo es algo difícil, duro y animarlos para llevarlo a cabo es fundamental. Lo que quiero es que ellos descubran todo lo que saben, que es mucho, y que lo apliquen como ellos quieran. La estructura y organización del texto la deciden ellos. Si deciden empezar con una cita, o introducir sabios consejos para alcanzar la felicidad, para mí todo está bien. Quiero que comprendan que no hay límites conocidos, que pueden ir muy lejos … como dice el título que he robado de la película ¨Toy Story¨: ¨Hasta el infinito y más allá¨. De esta manera nos vamos preparando para escribir nuestra tarea el día del examen.

¿Os podéis imaginar el resultado? A mí cada año me sorprende muy gratamente leer la tarea sobre la felicidad que han escrito los estudiantes pero sobre todo me llega al corazón su búsqueda para hacerlo. Y sí, la mayoría escribe el texto que nunca se habrían imaginado que escribirían. Quién les iba a decir que serían capaces de expresar en otra lengua lo que a veces ni se habían preguntado en su idioma materno. Ellos mismos se admiran y me cuentan, muchas veces en su conclusión, que han disfrutado del esfuerzo aunque al principio les pareciera algo demasiado complicado. Están satisfechos con el resultado. Algunos hasta me agradecen que los haya obligado a transitar por caminos para ellos desconocidos hasta el momento. En realidad, la que les tiene que agradecer su trabajo soy yo. Y su motivación y entusiasmo. Sin ellos no habría podido escribir estas líneas.

Mi conclusión es que para avanzar en el aprendizaje hay que salir de nuestra zona de confort. Hay que salir acompañados, guiados y motivados no solo por el profesor sino también por los compañeros de clase. Es una aventura, una excursión para descubrir nuestros propios límites cuyo resultado muchas veces es que no hay límites, porque podemos llegar hasta el infinito y porque ahora sabemos todo lo que sabemos.

Pili Gómez

CLT, Lovaina