Reseña: Berta Isla

Puente 171 (marzo 2019)

Javier Marías-  Berta Isla.

Alfaguara, septiembre de 2017

 

Berta Isla, española de Madrid, y Tomas Nevinson, de padre inglés y madre madrileña, se enamoraron en el colegio, durante el  bachillerato. Después, Berta estudió Literatura en la Universidad de Madrid, a finales de los años 60, en pleno franquismo.

Durante una manifestación estudiantil en respuesta al asesinato político de un compañero antifranquista, Berta descubrió la brutalidad de las fuerzas del orden y también el sexo libre. Tomás, por su parte, se fue a estudiar a Oxford, ya que gozaba de un don extraordinario: el de aprender lenguas extranjeras e imitar todos sus acentos y variaciones con mucha facilidad.

A menudo separados, se veían durante los periodos de vacaciones y, al final de los estudios, se casaron. En total, tuvieron juntos dos hijos pero un acontecimiento inesperado obligó a Tomas a vivir una vida paralela, una vida de la que Berta  “sólo tenía una pincelada de realidad y toneladas de suposiciones imaginadas.  Pasaron los años entre escasos regresos-reencuentros y largas ausencias hasta que un día, en los años 90, desapareció Tomas, durante 12 años, en el contexto de la guerra de las Malvinas…

Reflexiones de una apasionada lectora de Javier Marías a unos potenciales lectores de esta novela: “Berta Isla”.

  • Como en sus novelas anteriores, como en sus artículos periodísticos, la prosa de Javier Marías es brillante. Su léxico poderoso, riquísimo, con preciosos matices, brilla en la joya de una sintaxis digresiva, llena de meandros y desvíos. Estilo difícil de acceso pero fascinante para el lector. Lo que quiere esta prosa es rescatar del flujo incesante de los acontecimientos aquello que no podríamos ver sin ella; quiere detener el tiempo para que no se pierdan ciertos movimientos de nuestra sensibilidad y de nuestra conciencia. Quiere hacer visible lo invisible, hacer que salga a la superficie aquello que permanece sumergido porque nadie había podido verlo.
  • ¿Pero qué es “aquello”? En la portada, se escribe que la “nueva novela de Javier Marías es la envolvente y apasionante historia de una espera.” Es evidente que Berta se asemeja a una Penélope que espera con mucho control a su Ulises (Tom). Como la heroína griega, Berta es guiada por el instinto de supervivencia y la capacidad de afecto. Como Ulises, Tomas muestra una credulidad obstinada, cierto sentido del honor y una peligrosa mezcla de fatalismo y acción. En las ficciones de Marías, las citas literarias textuales o la evocación de personajes histórico-literarios son mucho más que un legítimo adorno. Un ejemplo de esto son unosversos del poeta inglés T.S. Eliot que Tom suele pronunciar en voz alta. Unos versos que le recuerdan lo que su vida tiene de destino, de polvo suspendido en el aire. Ya en los años de sus estudios universitarios, el Profesor Wheeler le decía a Tom: “Si hay algo que caracteriza y une a la mayoría de la humanidad…, es que a todos nos influye el universo sin que nosotros podamos influir en él lo más mínimo, o apenas”.
  • ¿Berta Isla, una novela de la impostura? Podríamos creerlo si escuchamos al propio Tomas, entonces más experimentado. Así, confiesa: “Tengo la sensación de que yo no he escogido tanto como se me ha escogido a mi”. Tomas, que ha querido parar desgracias e intervenir en el universo, acaba encontrándose desterrado de él. ¿Impostura? Javier Marías, en una entrevista de presentación de su novela, no decía otra cosa sobre el frágil destino de su protagonista: “El mero hecho de haber nacido, de estar en el mundo, hace que los otros nos vean, nos identifiquen y nos pidan cosas”.
  • Estas reflexiones sobre la identidad personal, sobre quiénes somos y no somos, si tocan a la universalidad, cobran aun mayor relevancia cuando se ilustran a través de una novela de espías, a cuyo género pertenece obviamente esta obra. No es casualidad que el autor haya hecho de Nevinson un agente de los servicios secretos británicos (M15-M16) que “ignora por qué sabe lo que sabe y por qué omite lo que omite y calla lo que calla”. Su vida no es más que la perfecta metáfora de las vidas nuestras que “solo están y esperan” (p. 544)- última frase de esta obra.

Mi consejo: una novela que hay que leer urgente pero detenidamente, con todo el tiempo de la vida por delante.

Martine Melebeck