Entrevista a Doña Guadalupe Melgosa Fernández

Puente 166 (diciembre 2017)

En septiembre llegó a Bruselas la nueva consejera de educación. En noviembre por fin pudimos organizar un encuentro para darle la bienvenida en nombre de la SBPE y para conocernos.
Guadalupe Melgosa Fernández será la consejera de educación en Bruselas (para Bélgica, los Países Bajos y Luxemburgo) durante los próximos cinco años. Nació en Badajoz (Extremadura), vivió su adolescencia en Sevilla y pasó una parte importante de su vida en Madrid.
Tiene experiencia en la construcción de políticas comunitarias, en la aplicación de esas políticas en el exterior y, aparte de la dimensión internacional, le interesa sobre todo el lado humano de la educación.
Describe el papel de la Consejería, que conocemos los profesores sobre todo por las jornadas y otras formaciones y las informaciones de Infoasesoría. El Ministerio de Educación supervisa la enseñanza que se organiza en (y por) las autonomías. Tan solo gestiona directamente la enseñanza en Ceuta y Melilla y la que se organiza en el extranjero. Ve el papel de la Consejería como la agencia responsable de aplicar las políticas de enseñanza, así como de mandar propuestas al ministerio.
Guadalupe ya ha establecido muchos contactos en Bélgica, tanto en la comunidad flamenca como en la francesa (queda la germanófona por descubrir), que le han propuesto colaboración.
Bélgica es un país del que no le asusta el clima gris y lluvioso de estos días y al que aprecia como un país complejo, pero estable y acogedor dentro de esa complejidad. Le hace pensar un poco en el bullicio de la Sevilla de su adolescencia y en el crisol de varias aportaciones que es Madrid. Constata que España es un país más concentrado y Bélgica más descentralizado. Le asombran algunas consecuencias de la división de Bruselas en 19 ‘comunas’. Lo considera como un mosaico con muchas teselas.
Su ambición es identificar qué nuevos programas se pueden desarrollar y fortalecer los programas ya establecidos, como el de los auxiliares de conversación. Lamenta la dificultad de establecer contactos en Flandes para optimizar la eficacia del programa. Por lo demás, dice que hay que estar abierto a programas de intercambio quizás menos conocidos. Uno de los retos que ve es el conocimiento del sistema universitario español: presentar las posibilidades que ofrecen las universidades españolas. Algunas universidades son conocidas; otras no. Quiere que las universidades tengan un espacio para presentarse a los alumnos de la educación secundaria y superior belga. El intercambio entre universidades sí funciona, pero el alcance es limitado.
Dice que Bélgica, un terreno que conoció en otro periodo de su vida, sabe como mantener un difícil equilibrio, que es un ejemplo de unión y que, a pesar de la complejidad, es un sitio fácil. Una sensibilidad que expresa es que el español tiene que presentarse por sí mismo – sensibilidad que no podemos dejar de compartir.

Hans Le Roy