Salamanca

Una ciudad, una palabra que ahora evoca en mí el sol, las vacaciones, el español, los encuentros y la felicidad.

Gracias al concurso de la SBPE (Sociedad Belga de Profesores de Español), he vivido este verano quince días encantadores, quince días de ambiente interminable, quince días de alegría con un sabor español.

Al principio, no realizaba la suerte que tenía. Pienso que no entendía lo que me esperaba, allí, en esa pequeña ciudad del centro de España.
Y después, rápidamente, todo se encadenó: la reserva del billete de avión, mis maletas, el contacto con la familia de acogida …
No he visto pasar el tiempo y ya era el día D. El tren hacia Bruselas, el avión hacia Madrid, el metro, el autobús hacia Salamanca… Un día entero para llegar a una ciudad que, todavía no lo sabía, me encantaría hasta el final.

Este dos de julio descubro a mi familia : dos hermanas que acogen durante todo el año hasta… ¡doce estudiantes! Vivimos en dos pisos diferentes, pero comemos todos juntos. Mis “nuevos hermanos” vienen de América, de Alemania, Corea, Francia y Rusia. Una gran variedad de nacionalidades, que da a nuestra familia un encanto incomparable. La lengua común (y la que hablamos durante las comidas) es el español. Pero naturalmente, cuando no estamos todos juntos, hablamos la lengua que tenemos en común : el inglés, el alemán o el francés.

Este cambio permanente de lengua es una cosa muy característica de mi estancia en Salamanca. Cada vez que encontraba a nuevas personas, nos presentábamos en español (lengua de base para cada uno aquí) “Hola-qué tal-de dónde vienes” pero en cuanto era posible, cambiábamos de lengua para facilitarnos la comunicación. Pero no pienso que sea una desventaja, porque me ha permitido revisar los otros idiomas que conozco.

En cuanto a las clases de español, había elegido los cursos de lengua y conversación en el colegio Delibes. Empezamos la semana con un pequeño examen para situar nuestro nivel. El día siguiente, entramos en un ritmo : cinco horas de las nueve a las dos. En mi clase, encontré a una belga de Gante, a muchos franceses, coreanos, brasileños, americanos, vietnamitas, alemanes… Todo un mundo reunido en un aula. Me he llevado directamente muy bien con la belga. Éramos así dos para hacer cara a las bromas de los franceses, para quienes Bélgica les parece un país muy divertido y risible. Respondimos con humor, y cuando abordamos durante la clase de conversación las fiestas de nuestro país, inventamos para Bélgica la… ¡“fiesta de la patata frita”! Todos nos creyeron, y nosotras, reímos para nuestros adentros…

La simpática rivalidad entre franceses y belgas siguió durante toda mi estancia, sobre todo porque había muchos franceses, muchos parisinos, que invadían las calles por la noche, como una juventud dorada a la que le gustaba quemar su vida por los dos lados…

La vida nocturna es indisociable de Salamanca, indisociable de los recuerdos de cada estudiante que pasó un algo de su vida allí. Jalonan la ciudad muchos pequeños bares muy simpáticos, que acogen cada noche a jóvenes alegres y deseosos de festejar. Ciertos son muy comunes, otros en cambio son muy típicos : aprendí por ejemplo a bailar la salsa en un bar muy latino, con chicos de origen latinoamericano.
Divertirse en bares por la noche es una oportunidad de encontrar a gente, a españoles (muy raros aquí en verano) y de saborear la vida, agradable, fácil, feliz…

Durante el día, después de las clases, es menester echar la siesta; pero visitar la ciudad, ir de compras, ir a la piscina, tomar una copa en la Plaza Mayor… son actividades corrientes para los estudiantes. La ciudad es muy bonita, muy limpia. Es un placer pasear por las pequeñas e innumerables calles con amigos, bajo un sol radiante…

Mis quince días ya han pasado. Regresé a Bélgica con un poco de tristeza en el corazón, un mejor nivel de español, la cabeza llena de recuerdos luminosos, encuentros increíbles, amigos por el mundo entero… Eso será la herencia que me dejará Salamanca… ¡esperando verme de nuevo!

También quisiera agradecer a todas las personas que me han permitido realizar esta estancia de sueño : mi profesora de español, la Señora Goor, la SBPE… sin olvidar a … ¡Evita Perón!

Margaux DAUBY
Centre Scolaire St-Benoit St-Servais en Lieja