Nueva York y el 11 de septiembre 2001 en « Ventanas de Manhattan » de Antonio Muñoz Molina

Nueva York y el 11 de septiembre 2001 en « Ventanas de Manhattan » de Antonio Muñoz Molina
Seix Barral, 2004. Edición de bolsillo (Booket) 2005. 385 pp.

El libro, dividido en 87 largos párrafos, nos presenta la gran ciudad vista desde diversos ángulos, por diferentes « ventanas » reales o simbólicas : las de los hoteles donde vivió el autor durante sus estancias, las de los apartamentos de lujo de Fifth Avenue (y también la visión lejana que puede tener de ellas el transeúnte o los vagabundos que viven en sus cajas de cartón y sus bolsas de plástico a lo largo de Central Park), pero también la mirilla del apartamento del autor por donde intenta espiar a sus vecinos que nunca encuentra por las pasillos. Las miradas huidizas de la gente en el metro, pero también los ojos de los personajes retratados en las fotografías de Richard Avedon…

Caminatas innumerables por una ciudad de contrastes, de extremos, de gran frío o de gran calor, de riquezas inmensas y pobreza total.

¿El tema y el procedimiento son nuevos? Quizás no, pero la visión de la realidad está mezclada con partes narrativas, retratos, algunos recuerdos personales (de su infancia en Úbeda, « mi tierra », por ejemplo) y reflexiones sobre el « ensimismamiento » del autor en esa ciudad gigante, y sobre el exilio o la identidad..

Evoca el terrible ataque terrorista. Todos recordamos lo que estábamos haciendo aquella tarde (en Europa) y vimos o leímos numerosos reportajes sobre el tema.
Para el autor, ha debido de ser difícil competir con todos aquellos libros o películas, varios años después .

Muñoz Molina que vivía en Nueva York con su esposa y dos de sus hijos en septiembre del 2001, nos deja un testimonio personal : contraste entre la calma aparente de su barrio -se entera de lo que está pasando por una llamada de su hija que se ha quedado en Europa y ve el reportaje en la tele española- y la catástrofe en las Torres Gemelas, que no están tan lejos de su apartamento.

Dedica varios párrafos (del 18 al 25) al acontecimiento que compara con « tantas películas de paranoia apocalíptica…ataques nucleares, meteoritos, el dinosaurio Godzilla aniquilando de un zarpazo los mismos edificios junto a los que pasamos ahora, no menos frágiles en la realidad que en el cine, según se vio cuando se desplomaban las Torres Gemelas « igual que casas de cristal » dijo un testigo en la radio. »

En todo el libro asistimos a una visión descriptiva seguida por reflexiones. Cito por ejemplo : « Ahora mismo, de golpe… puedo entender algo que me ha extrañado siempre cuando leía libros de historia o las memorias de los supervivientes del Holocausto o del Gulag : por qué no escapan, se pregunta uno siempre, cuando todavía estaban a tiempo…La respuesta la encuentro ahora, dentro de mí mismo, en mi incapacidad de aceptar plenamente, racionalmente, no ya el horror que he visto con mis propios ojos, sino la probabilidad de que algo semejante vuelva a ocurrir… »

El libro, a veces un poco largo cuando se lee de un tirón, también puede servir de excelente guía cultural de Nueva York, vista por un artista de gran sensibilidad y escritura límpida, precisa y musical.

Citemos algunos párrafos : el Museo Metropolitano (& 41), la Frick Collection y « sus salas deshabitadas », con las pinturas de Edward Hopper en las que se decubren múltiples ventanas (&45), sin olvidar los lugares como Central Park (& 40, 44), ni los barrios como Harlem o Little Italy etc…

Pero lo que más me interesó y me conmovió fueron algunos recuerdos del autor suscitados por sus paseos : en un museo donde está expuesta una silla eléctrica, piensa en Julius y Ethel Rosenberg, los dos científicos condenados por haber entregado secretos nucleares a la Unión Soviética y ejecutados en 1953, y en sus hijos dados en adopción.

Y también los encuentros con americanos de hoy : la historia de Larry y Silvia, dos jubilados que son profesores voluntarios de inglés para extranjeros en un centro internacional.

Y por fin la historia de algunos de sus propios alumnos en la clase de español en el Instituto Cervantes, con quienes lee el episodio del morisco Ricote en el Quijote. Descubre que « cada alumno trae consigo su propio exilio personal »…

El tema del exilio, y a veces de las persecuciones, de la soledad en una ciudad extranjera, del sentimiento de no saber cuál es por fin su propio país, nos recuerda uno de sus mejores libros : « Sefarad ».

Josine CANCELIER-MAHY