HOT LINE Luis Sepúlveda

Puente 125(2005)

Un título llamativo, un diseño de portada escalofriante para una cautivante novela de 92 páginas.

  • EL PROTAGONISTA. George Washington Caucamán, detective de profesión. Origen : mapuche. Lugar de destino : La Patagonia. Oficio : combatir el cuatrerismo (el arreo de rebaños de vacas). Plano ambiental : un galope tranquilo, con su caballo Pampero, recorriendo bosques y pastizales, entre lagos, glaciares y fiordos. Rasgo particular : un agudo olfato que le permitía reconocer a varias leguas el olor a romero, a peumas en fuego (Chile : árbol de la familia de las lauráceas). Y gatillo ligero.
  • MOMENTO CLAVE. Casi mata a un hijo del general, llamado Manuel Canteras, por considerarlo “cuatrero”, cuando, en realidad, el grupo de ex miembros de las Fuerzas Armadas al que pertenecía “estaba de excursión” en la zona.
  • ACCIÓN. Confinan a Caucamán en la capital, Santiago, en la Brigada de Delitos sexuales.
    Plano ambiental : aislamiento, objeto de burlas, sensación de inutilidad. “La ciudad le resultó fría y agreste. Era difícil respirar y además costaba orientarse, porque el sol brillaba en algún lugar incierto del cielo, más allá de la pringosa capa de gases que cubría Santiago… Algo espeso y sucio se interponía entre el aire y sus pulmones.” (pp.27-28)
  • REACCIÓN. Por causalidad, se mete en un asunto de SEXO TELEFÓNICO. Una pareja de exiliados políticos vueltos al país es víctima de acoso telefónico de parte de un ex torturador de la dictadura pinochetista. Caucamán saca provecho de sus habilidades personales. Plano ambiental : Durante la última noche del libro, capturando a “los criminales”. “- Perdió, general – dijo George Washington Caucamán, y a una señal suya las mujeres encendieron las radios portátiles. Por las ondas de Radio Tierra, el general Manuel Canteras escuchó su confesión multiplicada. –Maldito indio. Pude matarte en cualquier momento. Un pelotón de carabineros confusos y somnolientos se acercó al trote. El detective de provincias mostró su placa a la luz de la mañana y gritó a todo pulmón: -¡Policía! ¡Está detenido, general! ¡Al menor movimiento le vuelo las verijas!” (p.92).
    Un thriller político con sarcástico sentido del humor. Humor en torno a los MAPUCHES, siempre despreciados por el chileno de a pie, por ser “bajitos, gorditos campesinos un tanto tontos y torpes”. Cuando Caucamán llega a Santiago, directamente se convierte en el blanco de los ofensivos comentarios de sus superiores y colegas. Por ejemplo, el oficial administrativo de la Dirección de Investigaciones le dice que tiene una teoría acerca de los mapuches : que les gusta el color verde porque les recuerda los cerros, las selvas de Arauco y que por eso se sienten a gusto en Carabineros. Pero no es el único en tener prejuicios : Rousseau, Levi-Strauss, Todorov también los tuvieron. “Son muchos los que intentan decirnos cómo somos” responde el detective (p.25). Muchas veces, este humor estalla en diálogos llenos de chistes. Cuando, en un restaurante, se le acercan dos tipos, amigos del general Canteras, saludándole: « Así que tú eres el indio de mierda », Caucamán corrige, sin dejar de comer: “De mierda, no. De Aysén” (p.35). Sus colegas del despacho también le tildan de “Charles Bronson de la Patagonia, con corte de pelo a la Nosferatu y pinta arrugada de la última moda” (p.39). Como no lo dejan indagar ningún asunto serio, Caucamán les asegura que “si por casualidad debe detener algún tipo que ha hecho papilla la cara de su mujer, antes de hacerlo dejará el 38 y meterá una asistente social en la cartuchera” (p.42). Su soledad colinda con los límites del no existir. Cuando una pareja en conflicto lo llama, preguntando al paño: “¿No hay nadie?”, él les asegura que sí, que “Soy alguien” (p.45).Caucamán es el prototipo del antihéroe que, si bien tiene cualidades (su olfato, por ejemplo), siempre le sirven para meterse en dificultades. El relato está atravesado por la red semántica de “mierda” y los olores cada vez son anunciadores de “mala cosa”, expresión fetiche del detective al presentir problemas. El comisario, después del ataque fortuito al general, le confirma a Caucamán que “se ha metido en un pozo de mierda”. Normal, ya que “lleva veinte años con la mierda hasta el cuello … que huele las boñigas de una vaca y sabe cómo se llamaba la abuela del ganadero” (p.18). También la ciudad de Santiago “hedía a mierda” (p.18). Más tarde, empezando su investigación en la “Línea caliente”, olfateó el caso : “Desde alguna parte de la ciudad le llegó el inconfundible hedor del estiércol” (p.58) y confió por teléfono a un ex colega que “estoy como siempre, con la mierda hasta el cuello, y no de la mejor”, de lo cual se dedujo que se había metido en un lío de los gordos (p.77).
    Antihéroe, pero muy enternecedor por su particular sensibilidad y el gran apego a su tierra magallánica. En los momentos cruciales, siempre le respaldan sus referencias originales, sus propias señas geográficas y culturales. En el momento de seguir adelante con el difícil caso “Línea caliente”, en vez de observar los consejos prudentes de un amigo, dice que hará como las huiñas. Son gatos pequeños, elásticos, grandes cazadores, provistos de zarpas grandes, como guantes de boxeo, que lanzan sobre el enemigo, incluso a sabiendas de que van a morir. Caucamán recuerda la leyenda de Pedro de Valdivia cuando llegó a la Araucanía, con una mujer guerrera, y por único bagaje su espada y una pareja de gatos. Valdivia perdió los gatos, Valdivia murió, los conquistadores se hicieron criollos y los gatos se multiplicaron libres y salvajes en las cordilleras de Arauco (p.78). Antes de despegar para Santiago, cerró los ojos para no ver el paisaje de bosques, pastizales, lagos, glaciares, fiordos, ovejas, vacas y más vacas (p.24). Una vez en su pensión de Santiago, echa de menos su tierra porque « le faltaba el olor de su colchón relleno con lana de las mejores ovejas magallánicas, le faltaba el olor y el crepitar de la leña …, le faltaba el olor de la lluvia…, le faltaba el olor elemental compuesto por todos los olores australes” (p.3). Total, un hombre desarraigado, desterrado en el sentido literal de la palabra. A veces, se mezclan las sensaciones reales con las del recuerdo. Es el caso, por ejemplo, cuando caminando con cautela por las estrechas y nauseabundas calles de Santiago, se acuerda de unos días en los que seguía el rastro de unos cuatreros, hundiéndosele los pies en una mezcla de nieve, lodo y boñigas, cuyos gases en descomposición empezaban a narcotizarlo; y ahora, en Santiago, tampoco convenía jugar con los gases del escape de los coches de la capital. Finalmente, el tener y vivir tan intensa y permanentemente sus raíces australes e indígenas siempre le ha permitido superar las miserias de su condición humana y darle ánimo para afrontar las malas rachas de la vida.Quería acabar esta evocación con un fragmento final (p.87-88) que ilustra su visión cosmogónica, tan natural y tan original. Feliz el que pueda, en tales circunstancias, ensimismarse y encontrar dentro de la fortaleza corporal una joya tan preciosa.
    “Pero el olor de la tierra mojada le llenaba el cuerpo de una ingenua placidez, y se vio tal como siempre que pensó en la muerte deseó verse. Esperándola sin miedo, sentado sobre la tierra y mirando las aguas del gran fiordo de Aysén. Las aguas color acero del Pacífico que se internaban por el fiordo hasta el corazón de la Patagonia le llevaban el enigmático llamado de los delfines, y al verlos rasgar el aire en saltos prodigiosos cuya razón nadie se ha explicado jamás, sentía que la muerte era una circunstancia más del infinito ciclo que da origen a todas las cosas, y que ninguna empresa cometida, por muy grande que fuera, merecía el castigo de la inmortalidad”.

    HOT LINE, Luis Sepúlveda, primera edición en 2001, edición utilizada: Ediciones B, SA, 2005.

    Martine MELEBECK