Los palacios distantes

Puente 118(2004)

Abilio ESTÉVEZ, Los palacios distantes, Tusquets, Barcelona, 2002. 272 p.

« Derrumbe ». « Ruinas ». « Demolición »… son términos repetitivos en la última novela de A. Estévez para evocar La Habana, « la ciudad amada y aborrecida »

Sin embargo, cuando la descubrimos con los ojos de Victorio, un cuarentón vagabundo, hambriento y solitario, también tiene mucho encanto. Ha dejado su trabajo y el cuarto miserable donde vivía, en un antiguo palacio que va a ser arrasado. Poco a poco, se va deshaciendo de los pocos objetos que conservaba, después de haber quemado casi todo lo que le pertenecía.

A lo largo del recorrido del protagonista, el lector descubre una magnífica La Habana, aún a pesar del calor agobiante, húmedo, que trae « Mañanas de asma, de alergias, de fiebres y enfermedades » y de la pobreza y la suciedad. Las perspectivas son múltiples, pero muchas veces, como Pepe Carvalho en la Barcelona de Desde los tejados, Victorio observa la ciudad desde las azoteas y techos en los que se refugia por miedo a la policía o para descansar. « La calma indiferente de la brisa, el cielo azul oscuro, la obstinación de tantas estrellas…El camino de las azoteas es otro de los posibles caminos de La Habana. »

Un día, Victorio encuentra a Salma, una joven prostituta que llegará a ser su amiga. Intercambian confidencias sobre sus vidas. Los recuerdos, el pasado, la memoria (¿ fiel o traicionera ?) o el olvido son temas importantes en la obra de A. Estévez. « Los recuerdos son de las mejores cosas de la vida » dice Salma, a pesar de sus penosas experiencias con su proxeneta, el Negro Sábanasagrada, que le pega y la obliga a acostarse con turistas ricos, aunque viejos y feos.

« Yo quisiera perderlos » confiesa¬ Victorio. Y varias veces evoca su infancia, período « de sencilla dicha »en el Marianao, barrio de San Felisa, con los paseos a la orilla del mar y la presencia suave de la madre (muerta ya), pero dominado por su padre, « papá Robespierre », un comunista fanático, que viste a su hijo con trajes de miliciano y, de niño, le obliga a quedarse aterrorizado en la oscuridad, para fortalecer su coraje.

« Nunca, muchacha, óyeme bien, ¡ nunca ! conocí el amor » añade otro día, pensando sobre todo en su homosexualidad, incomprendida por el padre. A Victorio « …le hubiera gustado preguntarle si no podía pensar…que su hijo tenía deseos y necesidades diferentes, que pensaba diferente, que era (¡ que es !) diferente, ¿ por qué en este mundo de disciplinas y soldados nunca han podido entender la diversidad ?… »

No es la única crítica política que aparece en el libro : también vemos que la ciudad está vigilada constantemente por la policía y que la gente vive en un ambiente de miedo.
Además, la dictadura parece una especie de fatalidad. Uno de los personajes dice : «… no murieron los tiranos… nos negamos a entender que el Tirano es inmortal, el Tirano se reencarna cuando quiere… », lo que nos hace pensar en las muchas obras latinoamericanas sobre el dictador, llamado « el Supremo » o « el Patriarca » o « el Chivo » según los autores.

También dice el mismo protagonista (de quien hablaremos pronto) que « a un hombre satisfecho, gozoso, sin miedo, nunca se le ocurriría encerrar a otro, ni robar a otro, ni matar a otro… » y que « el hombre que ejerce fascinado el poder, y al poder se aferra como a única tabla de salvación, ese hombre…es al fin y al cabo un desdichado, y lo que es peor, esclavo… ».

Muchas imágenes simbolizan la búsqueda de otro mundo y el deseo de huir de esa realidad cotidiana. Como en un parque, en donde esperan unos globos aerostáticos. ¿Podrán elevarse ? ¿ Adónde irán ?

El Moro, un amigo de juventud de Victorio, pilotaba una avioneta para fumigar las plantaciones. Un día, cuando Victorio era un niño, le invitó a subir con él al cielo, quizás para que conociera ese palacio lejano que desde siempre había estado buscando. El padre de Victorio le prohibe ir y el Moro muere en su avión en llamas. ¿ Le salvó su padre o le impidió escaparse, encontrar la felicidad en otro mundo ? Es una pregunta que se plantea el lector.

Un día, los dos protagonistas conocen a un tercer personaje, que tendrá un papel central ; es don Fuco, un payaso muy viejo, que da representaciones por las calles, intentando divertir a la gente y proporcionarle algo de placer, ese placer tan ausente de la isla. ( Por todas partes hay música y baile ; pero en el libro se nos presenta como una diversión falsificada para los turistas.)

Les invita a vivir con él en el precioso Pequeño Liceo de La Habana, un viejo teatro en ruinas y poco conocido por los cubanos. La luz penetra por las grietas del techo pero el calor no es tan intenso como fuera; es un lugar de descanso, un lugar mágico, lleno de espejismos, con un escenario en el que quedan todavía elementos del decorado, por ejemplo la tumba del ballet « Giselle », algunos restos del patio de butacas y varios camerinos. Don Fuco cuenta que muchísimos bailarines y cantantes famosos actuaron en este teatro, construido a fines del siglo XIX por una princesa rusa. Varias veces Victorio duerme en el sillón « récamier » de Nijinski.

Por supuesto, este lugar respresenta la belleza, la imaginación de los artistas o, al menos, su recuerdo, al igual que lo habían hecho antes las reproducciones de Watteau y Fragonard, en el triste cuarto donde vivía Victorio.
Sobre este tema también aparecen muchas reflexiones. Victorio ya había pensado antes, mirando estas reproducciones : « No cabe duda…, el arte tiene encantos que la realidad desconoce. »
Entonces, ¿ puede dar el arte un sentido a la vida ? ¿o es un engaño, una mentira ?.

A pesar de sus dudas, « Los días pasan. Victorio, sin embargo, vive un solo y gigantesco día feliz ». Felicidad del presente, hecha de calma y amistad. Belleza del mundo visto por la ventana : « La ventana…se abre a la noche. Esta noche posee la falsa luminosidad de las noches nubosas y de lluvia, en que a pesar de todo hay luna, redonda y hermosa, envuelta por halos de humedad que según dicen trastornan a los locos ; luna agresiva que logra abrirse paso entre celajes rojizos, pesados, inmóviles. También están los relumbres de las pequeñas barcas de pescadores, que intranquilizan el sosiego del mar. »

Victorio contempla las estrellas y ve a Don Fuco ensayar los números que representará en hospitales, calles, asilos de ancianos. El payaso le da clases de magia y Victorio escucha sus discursos, a veces delirantes, otras sabios: « En cualquier lugar hay dolor, especifica el payaso, y son muchos los lugares, la verdad, en esta isla lo primero es sufrir, como si gozar de la vida fuera delito…se precisa sufrir por no sé qué causas futuras e improbables… ».

Pero a veces, Victorio sale del teatro y un día va a visitar a su padre, que está en una silla de ruedas, y sigue viviendo, sucio y abandonado, en su pequeña casa en el Marianao, barrio de San Felisa ; es como si quisiera decirle adiós, pero su padre no lo reconoce.

Al volver al teatro, vuelve a mirar por la ventana. « El mar está aún más oscuro que la noche y es una prolongada inexistencia, más allá del muro. Muro llamado Malecón, como podría llamarse Escollera, Rompeolas, Muralla… » Se siente encerrado en la isla, pensando en todos los cubanos que huyeron de su país.

Un día, el viejo payaso se muere.
¿Lo sustituirán Victorio y Salma, bailando por las azoteas e intentando traer un poco de alegría y humor a la ciudad ? ¿ O encontrarán de otra manera « los palacios distantes » ?

Esta novela se lee con fascinación ; impone imágenes fuertes y suscita preguntas sobre temas filosóficos, estéticos, políticos y morales.

La esctructura es clara y está ritmada por la división en párrafos, unas veces largos y otras cortos, lo que permite al lector respirar y meditar.

Su prosa es de una poesía magnífica, con frases torrenciales o breves, según los episodios y un vocabulario rico y preciso.

Aborda temas conocidos de manera totalmente personal y profundamente sentida.

En mi opinión, las partes más bellas de este libro escrito en La Habana y Palma de Mallorca entre 1999 y 2002, son las que describen o cuentan con sencillez la realidad interior o exterior de los protagonistas y de su ciudad : La Habana.

Josine CANCELIER-MAHY