Gabriel García Márquez : Memoria de mis putas tristes

Puente 123(2005)

Gabriel García Márquez : Memoria de mis putas tristes. Mondadori. Barcelona. 2004

El título y el tema de este pequeño libro (109 páginas) me daban miedo y tardé varios meses en leerlo, después de haberlo comprado.¿No se trataría de una sórdida historia de prostitución? Y aún peor, sabiendo que se trataba de un anciano que quiere que le regalen para sus noventa años « una noche de amor loco con una adolescente virgen », ¿no sería una penosa historia de pedofilia, que me haría recordar una espantosa historia belga reciente, la cual, por desgracia, no tiene nada de inventado ?

Pero había aceptado escribir un artículo en Puente, a pesar de mis aprehensiones, por lo mucho que me gusta la obra del gran autor colombiano. ¡ Qué suerte que existan obligaciones, que nos empujan, por ejemplo, a enfrentarnos con un libro, y a combatir nuestros prejuicios !

Así descubrí con gran alegría que García Márquez había vuelto a preparnos una sorpresa y que nada, en este corto relato, era como prevía – o temía – el lector.

Yo también trataré de mantener el misterio de esta historia, para que mis lectores puedan leerla con total atención.

El narrador, que habla en primera persona, es, desde hace muchísimo tiempo, periodista y tambien, da clases de castellano y latín para vivir.
Siempre ha vivido en la casa burguesa de sus padres, en una ciudad que tiene el decorado clásico de varios libros del autor de « El coronel no tiene quien le escriba » : un parque con almendros, una estatua de Cristóbal Colón, no lejos del estuario de un río donde se oye la sirena del buque que trae el correo.

El tiempo : finales del siglo XIX, mediados del siglo XX , como el de una larguísima vida.

Nunca se casó, contentándose con frecuentar, desde joven, a las prostitutas. Esto le permitió no comprometerse, y protegerse de sentimientos demasiado apasionados.
Su vida es bastante solitaria y sus notas dominicales en el periódico empiezan a cansar, después de tantos años, a los lectores que las consideran como momias del tiempo pasado.

Quizás por eso -soledad, cansancio- llame por teléfono, el día de su cumpleaños, a una vieja alcahueta, amiga suya, a la que dice solamente « Hoy sí ». Esa frase será , a lo largo del libro, su santo y seña para pedir un encuentro con la chica.

La chica que Rosa, la proxeneta, ha encontrado. Pero, a lo largo de todo un año, durante los encuentros nocturnos entre el viejo narrador y esta niña, que le espera desnuda pero dormida en un cuarto del barrio de la prostíbulos de la ciudad, nada pasará como era de prever.
El anciano no quiere, o no puede, despertarla, ya que la siente agotada por su trabajo diario en una fábrica donde cose botones, para mantener a su familia.
Nunca conocerá su nombre, y apenas una vez la oirá hablar.

Se contenta con acariciarla tiernamente, hablarle, traerle regalos y leerle cuentos : El Principito de Saint-Exupéry, los Cuentos de Perrault o Las mil y una noches…

Y poco a poco, este hombre egoísta y escéptico, preocupado hasta ahora solamente por sus lecturas y sus artículos, se enamorará con locura de su Bella Durmiente, « Delgadina », como él la llama.

Ausente por la noche en el mundo de los sueños, la chica estará presente cada día en la imaginación del viejo narrador, y sobre todo en su casa, por donde la siente físicamente ir y venir. Sus notas semanales en el periódico cambian completamente : son verdaderas cartas de amor que ahora el público lee o escucha en la radio con pasión, y le hacen famoso.

Pero el barrio de las prostitutas es peligroso, claro, y un día desaparece la niña, después de un misterioso crimen.

A pesar de los celos, porque piensa que se ha hecho puta, el anciano empieza una desesperada búsqueda, animado por una antigua amiga suya que le dice « …lo bailado, no te lo quita nadie… ».

¿Volverá a encontrarla ? Para saberlo, hay que leer esta historia original, de apariencia sencilla, a veces divertida, sin pesado análisis sicológico ni crítica social explícita, a pesar de que la miseria sexual es evidente y está alimentada por la corrupción y la inmoralidad de los ricos.

Sólo el amor tierno del viejo periodista lo transfigura todo, y su creación literaria ya no tiene nada que ver con los aburridos artículos de antes. « Memoria de mis putas tristes » que al principio debía ser el relato de sus juergas nocturnas de toda la vida, acaba por ser la « memoria de mi grande amor » de sus últimos días.

¡Qué cambios inesperados trae la vejez, después de casi cien años de soledad sentimental !

Josine CANCELIER-MAHY