Cuba s’affiche 1960-2000 – Colección José Lambert

Puente 127(2007)

La decisión de acercarse a Cuba a través de las artes gráficas de los carteles no es una casualidad. Ya antes de la Revolución estaban de moda, durante la República, pero entonces se trataba ante todo de alabar el consumo de productos de importación –cine (americano o mexicano), coches, moda- y también de productos nacionales –cigarros, cajas y cerillas.Se anunciaban fiestas populares (bailes, boxeo y corridas) y los PASQUINES promocionaban candidatos electorales y algunas ideas sociales nuevas.

En 1959, con la llegada de la Revolución, el cartel cinematográfico y político pasó a ser una herramienta de propaganda y de concienciación de las masas populares. Se multiplicaban y fijaban los carteles en las paredes de la ciudad para comunicarse con la población.

Sin embargo, sí que es una casualidad la existencia de la colección José Lambert, un belga de Liège que, en 1944, mientras callejeaba por la Habana vieja, se encontró ante un antiguo almacén con las puertas abiertas, lleno de carteles, amontonados para su venta a precio módico. Eran carteles de la OSPAAL (Organización de Solidaridad con los Pueblos de Asia, de Africa y de América Latina) y, realmente, este encuentro emotivo, lleno de vivos colores, fue un flechazo.

Desde entonces, José Lambert volvió regularmente a Cuba, trabó amistad con la gente, profundizó su interés por la labor de los cartelistas de manera más sistemática y empezó la colección. Cuando, con la falta de papel en la isla, se agotó la fuente prodigiosa de la OSPAAL, José Lambert investigó y entró en contacto con el ICAIC (Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficas). Compró las primeras serigrafías en una librería especializada y completó su colección. Hizo esto el año 2000.

En los últimos años, ha bajado la calidad de los carteles contemporáneos tanto en el aspecto creativo como en la técnica. Ahora, sirven más bien para venderlos a los turistas, como objeto decorativo o como pieza de colección para los aficionados. Sólo quedan las paredes, con sus frescos revolucionarios y sus temas combativos, lentamente borrados por el salitre y el tiempo.

Martine MELEBECK

La exposición vista por los alumnos

El pasado 14 de noviembre, mi clase de Lengua del Athénée François Bovesse, en Namur, fue a visitar la exposición “Cuba s’affiche” que tenía lugar en el Centre de la Gravure de La Louvière.

Los carteles se exponían en dos categorías. En la planta baja se encontraban los carteles cinematográficos. La exposición abarcaba, en su mayoría, carteles del Instituto cubano del arte e industria cinematográficos. No solamente se podían apreciar carteles de películas cubanas sino también de películas extranjeras como “Las secretas intenciones” del español A. Eceiza.
En la primera planta se encontraban los carteles políticos. La celebración de la revolución era una constante. Otros carteles mostraban también la solidaridad cubana con países oprimidos por la dictadura o países en guerra. Los temas más frecuentes eran la revolución o el racismo y en ellos se aprecia una alusión al héroe Che Guevara, así como a los colores de la bandera cubana. la mayoría de los carteles tenían colores llamativos, pero los había también en blanco y negro.

En general, me gustaron más los carteles cuyo significado se podía entender directamente. Otros, sin embargo, me parecieron menos accesibles, más difíciles de interpretar.

Siento pasión por Cuba, por su historia, por su música, por su gente y su alegría de vivir. Por eso me ha fascinado esta exposición. La aconsejo a todos los que quieran conocer mejor la cultura cubana y llevarse en el corazón una parte de ella.

Genny MAZZETTO

Mi preferencia: CRISTO GUERRILLERO de Rostgaard Alfredo G., offset, 1969

El hombre es evidentemente el Cristo: lleva barba, pelo largo, ojos oscuros, la expresión típicamente tranquila, pacífica, dulce y algo melancólica del Jesús de la Biblia. La aureola que le adorna la cabeza realza su santidad. Sin embargo, lleva en el hombro un fusil, listo para combatir armado por la revolución. Así, la representación icónica del cristo se convierte en símbolo del guerrillero ideal, tipo Che Guevara, y la revolución pasa a ser una causa justa, llevada a cabo por el bien de la humanidad.
Es una imagen muy provocadora, cuyo objetivo es sorprender para convencer…

Martine MELEBECK