Reseña: El mapa de un crimen

Puente 150(2012)

Paco López Mengual, El mapa de un crimen, Madrid, Maeva, 2009, 160 págs. 16,50 €

Paco López Mengual nació en Molina de Segura, un pueblo de la provincia de Murcia, en 1962. Sigue allí, regentando la mercería de sus padres y alternado esa labor con la escritura, a pesar de un diploma universitario de magisterio.

En 2005, publica su primera novela, La memoria del barro, en una pequeña editorial, Las cuatro y diez ediciones, 2005. Le sigue El vuelo del mosca, editora Regional de Murcia, 2007, título que hacía referencia al tipo de avión que utilizaban las Brigadas internacionales. La ediltoral Maeva la reedita en 2009 con un nuevo título, El mapa de un crimen. Prueba irrefutable de que existen joyas que descubrir escondidas en pequeñas editoriales. Hay que dar las gracias a la editorial Maeva.

El mapa de un crimen noveliza un suceso ocurrido en 1952, el asesinato a plena luz y en la calle principal de Joaquín Maqueda, el boticario del pueblo, por parte de Matías Cervantes, apodado « el garra », y su rival amoroso. La madre de López Mengual fue testigo del crimen y solía contar la historia a su hijo.
A partir de ese suceso relativamente trivial -el desenlace estúpido, si no fuera trágico, de un triángulo amoroso-, el autor va a tejer la trama de una novela apasionante que engancha al lector desde las primeras líneas, a pesar de que, a la manera de Crónica de una muerte anunciada de García Márquez, el crimen, el asesino y el móvil son conocidos, por lo menos en aparencia. « Sospecho que debí de ser un niño con poco apetito. Sólo eso explica que mi madre se viera obligada a recurrir a las más retorcidas argucias para alimentarme. Recuerdo que se sentaba frente a mí, con el plato en la mano, y preguntaba, por ejemplo, ¿ te he contado cómo degollaron a Maqueda ? Mamá era así de sutil y no le importaba narrar un episodio atroz a un niño de cinco años con tal que merendase. »
Siendo el boticario un antiguo combatiente de las Brigadas internacionales en situación de confinamiento, y su asesino un antiguo combatiente de la División Azul frustrado de ser no más que un simple mozo de barbería que debía soportar la humillación de ser pagado por un jefe con pasado republicano (p. 17), se puede sospechar que haya razones políticas subyacentes. Tal vez eso explique la circunspección de los vecinos del pueblo que no quieren ver nada más que un crimen pasional.
El telón de fondo es un pueblo de provincia, un espacio cerrado con su bar, sus meapilas, sus cotilleos, sus secretos de familia, las supersticiones que permiten explicar lo que no se entiende y…su tonto, Adolfo, que anota escrupulosamente en un rudimentario mapa del pueblo todos los lugares de interés y todos los acontecimientos ocurridos : la casa en la que nació el cura, las calles por las cuales pasó Franco y…el lugar en el que fue asesinado Maqueda.

La novela está estructurada en capítulos breves a la manera de secuencias cinematográficas que se encadenan sin orden aparente, con flashbacks, descripciones panorámicas, voces en off, …
El autor maneja con destreza las voces narrativas : la tercera persona para describir objetivamente el pueblo y su vida cotidiana, la primera persona para el narrador, cuando interviene para contar los trámites tendentes a reconstituir los acontecimientos, y la de Matías en las cartas que escribe a su hermana desde su cuarto en el psiquiátrico en el que está recluido.

Ese juego con el orden cronológico, esa construcción en forma de rompecabezas tienen al lector en vilo y hacen emerger sucesos que ocurrieron desde el día del crimen en 1952 hasta el desenlace sorpresivo cincuenta años más tarde cuando el narrador termina sus investigaciones. Una historia que no es exactamente la que le contaba su madre sino una historia en la que los protagonistas son más complejos de lo que se pensaba ; una historia que va más allá de un banal asunto de faldas que acaba mal o de secuelas de un antagonismo ideológico, una historia costumbrista en el sentido más noble de la palabra a la altura de Los santos inocentes de Delibes o de La familia de Pascual Duarte de Cela.

Rodolphe STEMBERT